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Problemas de hígado: los mejores trucos para mantenerlo sano

Es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo, por lo que se debe cuidar al máximo para evitar cualquier trastorno. Conoce los más habituales y de qué manera puedes prevenirlos

El gran hábito que va a condicionar la salud de tu hígado es, sin duda, llevar una alimentación saludable.

G.G

Sección coordinada por la doctora María José Peiró, especialista en Medicina Familiar, con más de 10 años de experiencia tanto en el ámbito público como privado. Máster en nutrición y dietética.

¿Sabías que el hígado realiza más de 500 funciones vitales en nuestro organismo? Entre las más importantes se encuentra la eliminación de toxinas, la metabolización de numerosos nutrientes, la transformación de los alimentos en energía, la regularización de la coagulación sanguínea, la producción de bilis, etc. Como puedes observar, mantenerlo en buenas condiciones es imprescindible para nuestra salud, algo que se puede conseguir con una serie de buenos hábitos que nos protegerán contra las enfermedades más comunes del hígado. Te acercamos a ellas, a sus síntomas más habituales y a la mejor manera de combatirlas eficazmente. 

Hígado graso, dos caras de una misma moneda 

En qué consiste. Es la enfermedad hepática crónica más frecuente (la sufren cerca de cuatro millones de españoles) y hay de dos tipos: el hígado graso alcohólico –producido por el exceso de alcohol– y el no alcohólico, provocado por otras dolencias como obesidad, diabetes, exceso de triglicéridos, etc. Ambos se caracterizan por una acumulación de ácidos grasos en las células hepáticas que, si no se trata a tiempo, puede derivar en patologías más graves como cáncer o cirrosis. 

Síntomas. No son muy evidentes, aunque la esteatosis hepática (como también se conoce al hígado graso) suele provocar una leve hinchazón de este órgano que puede resultar dolorosa y la aparición de fatiga o pesadez tras las comidas. 

Qué hacer. La buena noticia es que este trastorno puede solucionarse eficazmente con un cambio de hábitos, que incluya una alimentación sana y libre de grasas y azúcares, y la práctica regular de ejercicio físico. No tomar alcohol, sobre todo en los casos provocados por él, es básico para mejorar los síntomas. 

Hepatitis, la protección es muy importante 

En qué consiste. Esta inflamación del hígado está causada por virus y se contagia a través de la sangre, la saliva, el semen, las secreciones vaginales, las heces o los alimentos. Los tres tipos más habituales son la hepatitis A, la B y la C. La primera es la más habitual y la menos peligrosa, y se transmite al ingerir agua o alimentos infectados. En el caso de la segunda, prácticamente erradicada gracias a la vacuna, se adquiere a través de la sangre y los fluidos. La hepatitis C –las personas se infectan por contacto directo con sangre infectada– suele cronificarse y acabar en cirrosis hepática. 

Síntomas. Varían según el tipo de hepatitis, aunque los más habituales suelen ser ictericia (color amarillento de la piel por exceso de bilirrubina), náuseas, pesadez de estómago, vómitos, picor generalizado, aparición de hematomas, fatiga o desgana, falta de apetito, deposiciones claras o fiebre. 

Qué hacer. La hepatitis A no suele requerir tratamiento, ya que desaparece sola y sin dejar secuelas. En la B, se acostumbra a pautar medicamentos para controlarla, sobre todo si se cronifica, pero para ambas tipologías existen vacunas efectivas que las combaten. Otro caso diferente es la hepatitis C, que no tiene vacuna y que, al ser asintomática, suele convertirse en crónica, en cuyo caso el tratamiento consiste en administrar varios fármacos combinados. 

Cirrosis, un grave trastorno 

En qué consiste. Es una patología importante que provoca la muerte progresiva del tejido del hígado, que no puede realizar sus funciones. Está causada por el consumo excesivo de alcohol, por tomar determinados fármacos, por enfermedades autoinmunes o bien por el virus de la hepatitis C (el 40% de los casos) o de la hepatitis B (el 10% de los casos). Se calcula que el 5% de los afectados acaba desarrollando un cáncer de hígado. 

Síntomas. El principal problema es que las primeras señales de alarma son prácticamente indetectables, por lo que los signos se van desarrollando durante años sin que se note su presencia y, cuando finalmente se detectan, la enfermedad suele estar ya muy avanzada. Los principales síntomas son falta de apetito, cansancio, pérdida de peso, impotencia en el caso de los hombres y alteraciones menstruales en las mujeres. 

Qué hacer. Sus síntomas y complicaciones se tratan con fármacos y pueden mejorar eliminando el alcohol y siguiendo una dieta sana, aunque, en casos de insuficiencia hepática avanzada, la única solución es un trasplante de hígado. ■ Mantén un buen descanso. El hígado se regenera cada madrugada, pero, para ello, es necesario que nos encontremos en un momento de sueño profundo.

La alimentación que protege tu hígado 

La dieta es importante. La diferencia entre un hígado sano y otro enfermo radica, principalmente, en la alimentación.

 

1. Frutas. Se deben comer dos o tres piezas diarias, ya que tienen vitaminas y antioxidantes muy necesarios para el correcto funcionamiento del hígado. Las más recomendables son la manzana, la naranja, las fresas, el aguacate, los arándanos y las uvas. 

2. Verduras. También son básicas para la salud de este importante órgano, sobre todo aquellas más depurativas y hepatoprotectoras, como la alcachofa, los ajos, las cebollas, los puerros, el brócoli, los rábanos, la col, la rúcula, el nabo, etc. 

El ajo y la cebolla son hepatoprotectores y además aportan gran sabor a nuestros platos.

 

3. Cereales integrales. Su fibra ayuda a perder peso y, de entre ellos, hay que destacar la avena, que contribuye a eliminar residuos del cuerpo y tiene arginina, necesaria para el buen funcionamiento del hígado. 

4. Cúrcuma. Esta especia resulta hepatoprotectora gracias a su potente efecto antioxidante y a su función antiinflamatoria. 

5. PROCURA EVITAR. Las grasas saturadas, la sal, el azúcar, los precocinados y los alimentos crudos o excesivamente asados, ya que generan toxinas difíciles de eliminar. 

Buenas prácticas que nos ayudan a cuidarlo 

Mantén un buen descanso. El hígado se regenera cada madrugada, pero, para ello, es necesario que nos encontremos en un momento de sueño profundo.

 

Para protegerse de las enfermedades hepáticas es fundamental establecer una serie de medidas preventivas que eviten el riesgo de contagio o la aparición y desarrollo de las mismas. Aquí te detallamos las más importantes a tener en cuenta.  

1. Mantener relaciones sexuales seguras. Para evitar el contagio de hepatitis por vía sexual, se debe utilizar siempre preservativo, ya que es la única manera de protegerse de ella y también de otras enfermedades de transmisión sexual. Por el mismo motivo, no hay que compartir los cepillos de dientes, las maquinillas de afeitar, etc. 

La importancia del preservativo no sólo es por evitar embarazos no deseados, sino protegernos de un montón de enfermedades de transmisión sexual.

 

2. Seguir una higiene alimentaria adecuada. Es muy importante lavarse las manos a conciencia antes de comer o de manipular ningún alimento, así como enjuagar bien las frutas y verduras antes de consumirlas, para eliminar cualquier resto de pesticida o microorganismo y, a poder ser, es mejor pelarlas. No dejes nunca comida fuera de la nevera y evita recalentarla en exceso. A la hora de lavar los platos, se recomienda utilizar lavavajillas, ya que se alcanza una temperatura más alta y desinfecta mejor. 

3. Hacer ejercicio físico y descansar. La actividad física previene la obesidad y el sobrepeso (importantes causas del hígado graso), ya que moviliza todas las grasas de nuestro cuerpo. También es muy importante dormir bien, ya que la falta de sueño eleva el cortisol, la hormona del estrés, lo que hace que nuestro hígado trabaje más. 

4. No automedicarse. Existen fármacos que pueden dañar al hígado si se toman en exceso, por lo que siempre se debe consultar antes con el médico sus posibles efectos secundarios. 

5. Vigilar con los productos químicos. Conviene evitar el contacto con mercurio, plomo, cobre y selenio (muy dañinos para el hígado) y usar guantes en caso de que deban manipularse.