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Síndrome metabólico: ¿qué es y cómo combatirlo?

Su incidencia se incrementa cada año, incluso en niños y adolescentes. Actualmente se calcula que un 25% de la población mundial sufre este trastorno que se considera un problema de salud pública

El deporte y una dieta saludable son los mejores aliados contra el síndrome metabólico.

G.G

Sección coordinada por la doctora María José Peiró, especialista en Medicina Familiar, con más de 10 años de experiencia tanto en el ámbito público como privado. Máster en nutrición y dietética.

El síndrome metabólico puede definirse como un conjunto de factores de riesgo que predisponen a sufrir diabetes del tipo 2, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares. Suele ser asintomático, pero cuando el médico realiza un análisis de sangre pueden aparecer distintas anomalías como: unos niveles elevados de azúcar, una tasa de colesterol alta con un bajo índice de colesterol bueno (HDL) y un exceso de triglicéridos. Otro elemento de diagnóstico de este síndrome es una acumulación de grasa en el perímetro de cintura y la hipertensión. Se considera que la persona sufre síndrome metabólico cuando presenta al menos tres de estas alteraciones. 

Éstos son los signos de alarma 

Perímetro abdominal. Es un indicador de este trastorno cuando es igual o superior a 102 centímetros en los hombres o igual o superior a 88 centímetros en las mujeres. Se mide con la cinta a 2 centímetros más arriba del ombligo. 

Tasa de azúcar. Si en ayunas, el nivel de azúcar en sangre está a más 100 mg/dL también es señal de síndrome metabólico. 

Triglicéridos. Cuando estas grasas se sitúan por encima de 150 mg/dL, el médico lo considera un factor de riesgo. 

Colesterol. Cuando el HDL está por debajo de 40 mg/dL en los hombres o bien 50 mg/dL en el caso de las mujeres también debe preocuparnos. 

Presión arterial. Otro criterio para diagnosticar este síndrome es que este parámetro sea superior a 130/85 mmHg. 

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Conoce las consecuencias que puede tener 

Diabetes tipo 2. Las personas con síndrome metabólico tienen hasta cinco veces más probabilidades de desarrollar esta enfermedad. 

Riesgo de diabetes. Las personas con síndrome metabólico tienen más probabilidades de desarrollar esta enfermedad.

 

Apnea del sueño. Es otra afección asociada al síndrome metabólico.

Accidente vascular. Este síndrome puede multiplicar hasta por tres el riesgo de infarto y aumenta hasta cuatro veces más la mortalidad por causa coronaria. 

Alteraciones hepáticas. Con los años, puede dañar el hígado y aumentan las probabilidades de hígado graso y cirrosis. 

Insuficiencia renal. Las personas afectadas por el síndrome metabólico tienen el doble de riesgo de presentar problemas renales. 

Ovario poliquístico. Este síndrome también se ha asociado a este trastorno. Una liberación adicional de hormonas provoca reglas irregulares, un
aumento de vello y problemas para quedarse embarazada.

Ponle freno con ejercicio y dieta

Aunque puede haber una predisposición genética a padecerlo, el síndrome metabólico puede revertirse con un estilo de vida adecuado. El sedentarismo, una alimentación hipercalórica rica en grasas y azúcares, el tabaco y la falta de sueño son factores a evitar, ya que favorecen la acumulación de grasa en el abdomen.

Grasas sanas. Es importante reducir la ingestión de calorías para perder peso y optar sólo por grasas como las del aceite de oliva, el pescado y los frutos secos.

 

Perder un 5% de peso multiplica tu peso por cinco y divídelo por 100: es la pérdida mínima recomendada en un año. Con ella ya se mejoran las analíticas. Y si alcanza el 7% se reduce a la mitad el riesgo de diabetes.

• Evita las proteínas de origen animal ricas en grasas saturadas (carnes rojas, embutidos, lácteos enteros) y aumenta las proteínas vegetales (legumbres, soja, seitán), el consumo de hortalizas y de pescado azul.

• Opta por grasas saludables (aceite de oliva virgen extra, frutos secos crudos, aguacate) para mejorar el colesterol bueno y elimina grasas trans (bollería y "snaks").

• Limita los carbohidratos refinados (pan blanco, patatas, pasta) y sustitúyelos por carbohidratos complejos (arroz integral, pan moreno, avena) que no provocan una subida rápida de azúcar en sangre.

• Realizar 30 minutos de actividad física al día o un mínimo de 10.000 pasos diarios mejora la composición corporal, aumenta la sensibilidad a la insulina, reduce el azúcar en sangre y combate la hipertensión. Es recomendable que el ejercicio sea cardiovascular, es decir, se lleve a cabo durante 30 minutos de manera ininterrumpida que es cuando el cuerpo empieza a quemar grasas.

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La resistencia a la insulina como factor desencadenante

Una respuesta anormal del organismo a la hora de metabolizar el azúcar es lo que explica el riesgo tan elevado de diabetes en el síndrome metabólico.

Evita las proteínas de origen animal ricas en grasas saturadas en tu dieta.

 

1. La insulina es una hormona producida por el páncreas para facilitar el ingreso del azúcar de los alimentos a las células.

2. En este síndrome, las células no responden bien a la insulina para recibir la glucosa, con lo que esta última se acumula en la sangre.

3. Como respuesta, el páncreas fabrica más insulina, se agota y aparece la diabetes.

7 medidas para prevenirlo en la infancia

Instaurar buenos hábitos desde edades tempranas ayudará a impedir el desarrollo del síndrome metabólico y sus consecuencias.

Enseñar la importancia de unos hábitos saludables desde la infancia puede ayudar a prevenir este tipo de trastornos.

 

1. Apostar por la lactancia materna. Esta forma natural de alimentación en las primeras semanas de vida reduce el riesgo de síndrome metabólico en niños y en adolescentes y favorece que éstos sigan una dieta más variada.

2. Reducir el tiempo ante las pantallas. Cuántas más horas al día se pase el niño ante un dispositivo, mayor es el número de calorías ingeridas y de probabilidades de sufrir síndrome metabólico. Además, conviene evitar la televisión en las comidas para que preste atención a lo que come.

3. No tomar bebidas azucaradas, ni tampoco zumos de fruta envasados porque favorecen las subidas de insulina en la sangre.

4. Optar por la fruta, como postre y en las meriendas para reducir la bollería.

5. Aumentar el consumo de fibra. La falta de granos integrales, de frutas y verduras se ha relacionado con el desarrollo de la resistencia a la insulina.

6. Acudir regularmente al pediatra para controlar el peso y la sensibilidad a la insulina que disminuye entre un 25 y un 50% durante la adolescencia a causa de las hormonas. En esta etapa pueden agravarse los riesgos de síndrome metabólico.

7. Dormir y controlar el estrés. La falta de sueño aumenta la ingesta de calorías y las hormonas del estrés propician la acumulación de grasa en el abdomen.

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