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¿Qué puedes hacer para prevenir el envejecimiento prematuro? Te damos las mejores ideas

A partir de los 30 años nuestro cuerpo inicia un proceso degenerativo que puede darse de manera más lenta o acelerada según nuestro estilo de vida. ¿Quieres frenarlo? Te damos las pautas para lograrlo

Ciertas situaciones pueden hacer que experimentemos un envejecimiento más rápido o prematuro. ¡Te lo contamos!

G.G

Sección coordinada por la doctora María José Peiró, especialista en Medicina Familiar, con más de 10 años de experiencia tanto en el ámbito público como privado. Máster en nutrición y dietética.

Las células de nuestro organismo necesitan regenerarse constantemente, pero, con los años, van perdiendo esta capacidad, lo que causa el envejecimiento. Según los estudios realizados sobre la longevidad, la velocidad de este proceso depende en un 70-80% del estilo de vida y sólo un 30-20% viene dado por la genética. Así, cada uno de nosotros tiene una edad cronológica marcada por la fecha de su nacimiento y una edad biológica que puede ser diferente en función de cómo nos hayamos cuidado. Ésta última se evalúa por la longitud de los telómeros. Son los responsables de reproducir nuestro ADN en cada una de las divisiones celulares que el cuerpo lleva a cabo para reparar los tejidos. Con el tiempo se acortan y cuanto más largos sean más tiempo de vida tendrán nuestras células. 

Los signos que delatan que envejeces rápido

La edad biológica de algunas personas es mayor que su edad cronológica y esto puede reflejarse en su cuerpo de distintas maneras. 

El aspecto de la piel. La pérdida de tono y luminosidad es uno de los principales signos de envejecimiento prematuro, así como las arrugas que aparecen en los ojos (patas de gallo), la frente y los lados de la nariz. En concreto, unas líneas nasolabiales muy marcadas pueden indicar un hígado sobrecargado o una inflamación del tracto gastrointestinal, trastornos más frecuentes a partir de los 40 años. 

Los ojos rojos. Si el enrojecimiento es permanente, puede deberse a una enfermedad como la artritis, más frecuente con la edad. También se relacionan con el envejecimiento los párpados caídos, un síntoma de problemas de tiroides, y los depósitos de grasa alrededor de los ojos, asociados a enfermedades cardiovasculares. 

Pérdida de audición. Puede aparecer a una edad temprana sobre todo la incapacidad para percibir los sonidos más agudos. 

Problemas cognitivos. A partir de los 40 años, se producen pequeñas reducciones del volumen cerebral que, a veces, se traducen en una menor capacidad de atención y en un enlentecimiento para procesar la información. 

Alteraciones del sueño. Con la edad, se acortan las fases de sueño y aparece más necesidad de ir al baño. Estas interrupciones del descanso pueden impedir la desintoxicación orgánica y la regeneración neuronal que se realizan durante la noche y también favorecer el sobrepeso. 

Sueño reparador. Mientras dormimos se realizan procesos de desintoxicación y regeneración que frenan el envejecimiento.

 

Aumento de peso. Un índice de masa corporal mayor de 25 puede ser un signo de envejecimiento prematuro. Los márgenes saludables se sitúan entre 18,5 y 24,9. Calcula tu índice de masa corporal dividiendo tu peso en kilos por tu altura en metros al cuadrado. 

 

Menos músculo. A partir de los 30 años, si no se compensa con ejercicio, se puede perder hasta un 5% de masa muscular cada año. Esto se traduce en un enlentecimiento del metabolismo y en mayor porcentaje de grasa en el cuerpo.

Músculos a tono. Los ejercicios de fuerza alargan los telómeros, los guardianes de la longevidad.

 

Los hábitos que alargan la juventud 

La restricción calórica. Una reducción del 30% de calorías diarias alarga los telómeros y aumenta la longevidad en un 30-40%. 

• Evitar el aumento de peso previene la diabetes, los trastornos cardiovasculares, los neurodegenerativos y rejuvenece la piel. 

• Okinawa (Japón) es el lugar del mundo con mayor número de centenarios. Sus hábitos han sido ampliamente estudiados: ingieren menos calorías de lo normal en un adulto, siguen una dieta rica en vegetales verdes y frutas, té, algas y pescado. Toman poca carne y nada de azúcar. 

Una dieta antioxidante. Los alimentos ricos en vitamina C (cítricos, perejil, kiwi, etc.) y E (aceites vegetales, frutos secos, etc.), y en provitamina A (zanahoria, brócoli, albaricoques, etc.) contrarrestan los radicales libres que destruyen las células. 

La práctica de ejercicio. Fortalecer la musculatura rejuvenece hasta 179 genes y alarga los telómeros. En general, la actividad física mejora la composición corporal y la calidad del sueño. Además, estimula el funcionamiento del sistema inmunitario que, con los años, pierde su capacidad defensiva. 

Una vida relajada. El estrés crónico produce cortisol, una hormona que daña los telómeros y los acorta. Además, se propicia la fatiga crónica. En cambio, se ha demostrado que 12 minutos de meditación al día ayuda a mantenerlos sanos. 

6 alimentos "antiaging" 

1. Verduras de hoja verde. Coles de Bruselas, espinacas, brócoli... Incluirlas en la dieta al menos una vez al día mantiene nuestras neuronas en forma. ¡Puede hacernos 11 años más joven que quienes no las comen! 

2. Pescado azul. Gracias a su gran aporte en Omega-3 reduce la inflamación y evita el acortamiento de los telómeros. 

3. Cúrcuma. Contiene curcumina, un antiooxidante que disminuye los daños en nuestro ADN, tiene efectos antiinflamatorios y mejora la circulación sanguínea. 

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4. Pimiento rojo. Es el alimento más rico en vitamina C, un poderoso antioxidante que bloquea la acción de los radicales libres que podrían acortar los telómeros. 

5. Té verde. Aporta grandes cantidades de polifenoles, unas sustancias antioxidantes y antiinflamatorias.

6. Semillas de sésamo. Si se consumen trituradas o en aceite, aportan coenzima Q10, un antioxidante que protege la membrana de nuestras células del estrés oxidativo y contribuye a frenar el acortamiento de los telómeros. 

El ayuno intermitente, un aliado de la longevidad 

Las investigaciones aseguran que esta práctica es una fuente de juventud porque mejora la salud de nuestras células por los cambios metabólicos que implica y la restricción calórica que conlleva. Conoce sus beneficios y elige la modalidad que se adapta mejor a tus posibilidades.  

Comer menos puede aumentar hasta un 40% la longevidad. ¡Las infusiones pueden ayudarte a mantenerte hidratado!

 

1. Prevención de enfermedades. Se recomienda sobre todo a partir de los 40 años porque facilita la bajada de peso, reduce la presión arterial y el colesterol. También reduce los niveles de azúcar en sangre y frena la aparición de la diabetes. Además, combate la inflamación crónica relacionada con el inicio de multitud de enfermedades degenerativas. 

2. Regeneración natural. Durante las horas que estamos sin comer el organismo utiliza las reservas de grasa y aprovecha para autorrepararse y limpiarse. A partir de las 12 horas de ayuno se inicia la autofagia, un proceso que elimina los productos de deshecho y evita su acumulación. 

3. La fórmula 16/8. En esta forma de ayuno intermitente se adelanta la cena y se retrasa el desayuno. Por ejemplo, se cena a las 18 h y desayuna a las 10 h. La cuestión es estar 16 horas sin comer y en las ocho restantes hacer dos o tres comidas equilibradas. En el tiempo de ayuno, están permitidos los caldos de verduras, el agua, las infusiones o el café sin leche. 

4. Otra opción. Se puede empezar con un ayuno de 12/12: doce horas sin comer y doce normal. 

5. Modalidad semanal. En este caso se come seis días de la semana y uno se ayuna. O bien, se alarga el ayuno a dos días para comer los cinco restantes. 

6. Controla el peso. En la fórmula 16/8 se ingieren hasta 500 calorías menos cada día. Y, en todas ellas se regula el hambre y, a veces, se disfruta de más claridad mental.