Carlos y Camilla: toda la verdad sobre su separación
El estilo de vida de los reyes, que consideran normal pasar temporadas en residencias separadas, ha disparado las alarmas y un medio de EEUU asegura que están "casi divorciados"
Dijo la escritora británica Jane Austen en "Persuasión" que "el verdadero amor es constante y poderoso, y no se deja intimidar por ninguna adversidad". Y esta definición encajaría a la perfección con la historia de Carlos y Camilla, que desde los años 70 del siglo pasado han vivido su amor con una constancia legendaria y sin dejarse amilanar por los caprichos del destino.
Ni por sus respectivos matrimonios -ella con Andrew Parker Bowles y él con Diana de Gales–, ni por los escándalos que rodearon su ilícita relación durante años, ni por la oposición de la mismísima Isabel II, ni por tragedias como la muerte de la princesa de Gales en París en 1997.
Cada nuevo obstáculo que el destino puso en su camino ha fortalecido más su unión hasta llegar al año 2005, cuando, por fin, cumplieron una promesa de amor no dicha pero sí intuida y, como tantos enamorados, unieron sus vidas en matrimonio.
"Están divorciados en todo, excepto en el nombre"
Es por todo esto por lo que, al leer estos días en un portal de Internet de EEUU, que el rey y la reina consorte estarían "casi divorciados" nos hemos quedado ojipláticos. Para justificar esta supuesta crisis, una más en los últimos años, RadarOnline cita fuentes que se limitan a señalar que el rey, en plena lucha contra el cáncer, pasa la mayor parte de su tiempo o en Clarence House, en Londres, o en su residencia preferida, Highgrove, mientras que Camilla prefiere irse a Ray Mill House, su mansión en Wiltshire, para estar tranquila.
También comentan que el matrimonio no se ha divorciado para "mantener las apariencias" y que "están mostrando una fachada en público porque Carlos está enfermo, pero que, en realidad, la situación es muy distinta. Están divorciados en todo, excepto en el nombre".
Una costumbre habitual en la aristocracia
Poco después de que se publicara esta noticia, varios medios, entre ellos la revista francesa "Paris Match", aclararon que no hay nada sorprendente ni sospechoso en que Carlos y Camilla vivan separados. En primer lugar porque, entre los aristócratas británicos, es habitual residir en propiedades diferentes. La misma Isabel II y su marido, Felipe de Edimburgo, acabaron viviendo ella en el castillo de Windsor y él en Sandringham y, si estaban en Buckingham, ocupaban apartamentos distintos.
Lord Mountbatten, mentor de Carlos, y su esposa también siguieron este patrón, que, como explicó en sus memorias su ayuda de cámara, "respondía a que la mayor parte de la familia real entiende que las consideraciones prácticas –agendas oficiales, horarios...– prevalecen sobre las personales".
Por otro lado hay que conocer bien cómo se ha desarrollado y cómo funciona la relación de Carlos y Camilla, dos "rara avis" que se conocen desde muy jóvenes, son grandes amigos y, aun siendo opuestos en muchas cosas, han encontrado la manera de seguir amándose sin reservas y en absoluto equilibrio. Y lo hacen de una forma poco convencional, que es respetando sus propios espacios, algo que si lo pensamos bien demuestra confianza, generosidad, amor y evita, además, la asfixia emocional.
Carlos y Camilla necesitan hacer vida por separado
Como explicó ya en 2006 el periodista de "The Daily Mail" Geoffrey Levy: "Desde el principio, Camilla, conocida por su desorden doméstico, supo que a menudo necesitaría escapar de la obsesiva pulcritud y la restringida y extremadamente ordenada vida que el príncipe Carlos lleva en Highgrove y sus otras casas". Añadía el reportero que, en Ray Mill, Camilla puede ver series como "Coronation Street", que Carlos detesta, y además, pasar largas temporadas allí tiene un efecto motivador para su relación, y es que "Carlos nunca da a Camilla por garantizada".
La reina consorte compró la casa en 1995 y allí le gusta estar con sus seres queridos, especialmente sus hijos y sus nietos. Situada a 27 kilómetros del refugio de Carlos, Highgrove, Ray Mill House les permitió afianzar su relación, de forma clandestina, en medio de la tormenta mediática de los 90. Para Camilla este rincón del mundo es tan importante como para Carlos Highgrove. Por eso, en marzo de este año, el rey compró por 3 millones de libras la residencia vecina a Ray Mill y evitó que sus dueños la pusieran en el mercado para alquiler o como lugar de eventos, un gesto que, lejos de hablar de crisis, refleja la empatía y la complicidad que tiene Carlos con su esposa.
La actriz Helen Mirren charlando con Camilla y David y Victoria Beckham
Por otro lado, que pasen temporadas en sus respectivos paraísos, disfrutando del silencio, la soledad deseada y sus aficiones, no quiere decir que no los compartan, que lo hacen. Hasta celebran fiestas en ellos, como la que organizaron para estrechar lazos entre Italia e Inglaterra justo antes de su viaje oficial al Vaticano el pasado febrero, y en la que reunieron a famosos como Donatella Versace y los Beckham.
Su independencia, el motor de su relación
Queda claro pues que el hecho de que vivan separados puede sorprender, pero no implica que estén "casi divorciados". Al contrario. Tal vez deberíamos entender que mantener su libertad e independencia es lo que, desde hace 50 años, alimenta cada día su gran historia de amor.