El emotivo 89 cumpleaños de Lola ¡nos anima el confinamiento!

Lleva 23 años como voluntaria de la oenegé "Mensajeros de la Paz"

Cumple 89 años en confinamiento y sus vecinos le preparan una gran sorpresa

Lola, en una imagen del año pasado, haciendo de voluntaria en “Mensajeros de la Paz”.

Anna Lasheras Jover

El pasado 30 de marzo, Lola cumplió 89 años. Mujer simpática y dicharachera donde las haya, este iba a ser un aniversario muy distinto para ella, ya que iba a vivirlo en confinamiento. Consciente del riesgo del coronavirus, esta madrileña de pro lleva sin salir de su casa desde que el Gobierno decretó el estado de alerta, echando muchísimo de menos sus quehaceres diarios.

Sin embargo, sus vecinos, que la quieren muchísimo, decidieron prepararle una emocionante sorpresa para que jamás olvidase este día y hacerle un poco más llevadero estos momentos de angustia.

Así pues, cuando Lola, como cada día a las 8, salió a su balcón a aplaudir a los sanitarios, se encontró con que sus vecinos la estaban vitoreando a ella. La cara que se le quedó a esta entrañable mujer lo dice todo:

En pronto.es nos hemos puesto en contacto con ella a través de “Mensajeros de la Paz”, la oenegé del Padre Ángel, de la que Lola es voluntaria desde hace 23 años. Tal y como nos ha explicado, esta emocionante felicitación la pilló absolutamente por sorpresa.

“Fue precioso y me emocionó muchísimo”, admite. “Al final de mis días, lo tendré para siempre en mi memoria y en mi corazón”, nos dice emocionada al otro lado del teléfono. “Me quieren mucho los vecinos. Vine aquí con 22 años a vivir con mis suegros, en el año 53, y somos como una gran familia”.

Una “familia” que se ayuda mucho en este duro confinamiento. “Es una lástima, mi generación, con lo que hemos pasado y lo que nos está tocando pasar en este momento”. Sin embargo, Lola cuenta con “un vecino que me trae el pan y comida hecha. La hace para su madre, para otra vecina y para mí. Y cada día, me preguntan, ‘¿qué necesita? ¿qué le traigo hoy?’”.

Gracias a todo ello, “no noto el encierro. Se me pasa el tiempo volando, con el teléfono, con la ayuda de los vecinos. Me han traído magdalenas, torrijas… Y yo voy a hacer nueces caramelizadas.

Muy comprometida con “Mensajeros de la Paz”

Una de las cosas que más echa de menos Lola en este confinamiento, son sus dos visitas semanales a “Mensajeros de la Paz”, donde colabora desde hace más de dos décadas. Tras un duro trance por el que pasó. Conoció esta oenegé a través de la radio, donde pedían voluntarios para el Teléfono Dorado. Este servicio “estaba en funcionamiento las 24 horas del día, atendiendo a personas que estaban solas o que tenían una enfermedad, un bajón o un momento difícil en la vida”.

Lola comenzó allí, y actualmente es la única voluntaria en Bara del Rey, donde ejerce de “becaria”. Es mi “trabajo sin remuneración, pero el más bonito”. Para ella, el Padre Ángel está haciendo un trabajo encomiable. “La iglesia de San Antón antes estaba muy apagada, la cogió él y la convirtió en otra. Están 24 horas al día abiertos para los sintecho, dan desayunos, comidas, cenas, tienen ropero. Están haciendo una maravillosa obra”.

Una obra maravillosa como la que volverá a hacer ella cada lunes y cada viernes cuando regrese a las oficinas de “Mensajeros de la Paz”, cuando todo esto pase y recuperemos la tan ansiada normalidad. Gracias, querida Lola.