Ángela Molina: “Seguiré actuando mientras las fuerzas me acompañen”

La intérprete recibirá el Goya de Honor, telemáticamente, el próximo 6 de marzo

Ángela Molina

La actriz, de 65 años, asegura que disfruta mucho con su profesión.

Redacción

A poco más de un mes de recibir un merecido Goya de Honor, la actriz Ángela Molina participó en un coloquio en la Academia de Cine sobre 'Las cosas del querer', la película que ella misma protagonizó en 1989 con Manuel Bandera. A sus 65 años, la madrileña es todo un icono del cine español y en Pronto pudimos hablar con ella.

“Me siento muy feliz por este premio tan importante, que me causa una inmensa alegría y agradezco con el corazón. Lo voy a colocar en un lugar de privilegio en mi casa. El 6 de marzo, cuando lo reciba, será uno de los días más especiales de mi vida. Un momento muy dulce. Que los compañeros te premien es un gran orgullo”, aseguró Ángela.

Ángela confiesa que aprendió el oficio de su padre

En la Academia hablan de la hija del gran Antonio Molina como “la antidiva, una mujer auténtica, con un indiscutible talento y una sensibilidad muy especial”.

Y ella aprovechó el coloquio para elogiar al hombre que le hizo amar su profesión: “De mi padre aprendí este oficio, que tantas satisfacciones me está dando en la vida. Era un hombre extraordinario”.

PRONTO: ¿Los premios a estas alturas anuncian una posible retirada?

ÁNGELA MOLINA: En mi caso no, seguiré actuando mientras las fuerzas me acompañen y tenga buenas ofertas de trabajo.

La actriz aseguró que su gran referente es María Isbert. “Tuve la suerte de trabajar con ella cuando ya había cumplido 90 años. Y transmitía mucha generosidad y alegría”, destacó.

Actriz vocacional desde la infancia

Sobre la interpretación afirmó que “el amor que siento hacia mi profesión me hace aprender nuevas cosas cada día”. De niña, interpretaba argumentos ficticios frente a los espejos, y ahora recuerda aquellos inicios con nostalgia: “Montaba obras de teatro con el hijo de la maestra de piano de mis hermanos. Él escribía los guiones y los interpretábamos en mi casa”. Un hogar, el de los Molina, en el que el arte brotaba a raudales.