La vida de Antonio Orozco (capítulo 2): un viaje a Sevilla que le cambió la vida

Empezamos el segundo capítulo de la vida de Antonio Orozco recordando la adolescencia del cantante. Con 15 años hizo un viaje que le abrió musicalmente los ojos.

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Seguimos repasando la vida de Antonio Orozco.

Redacción / M.A.

Como ya te contamos en el primer capítulo de la vida de Antonio Orozco, la primera pasión del cantante fue el fútbol. Tanto le gustaba el deporte del balón, que llegó a jugar con el Barça de fútbol sala durante varios años, aunque, al cabo del tiempo, terminaría por dejar esa pasión por culpa de... sí, lo has adivinado, de la música.

En su vida todo empezó a cambiar cuando, con 15 años, hizo un viaje a Sevilla. Había ido con su familia y, una tarde, paseando por la calle Betis en Triana, vio a dos chicos tocando un flamenco diferente al que solía escuchar porque estaba mezclado con toques de blues y de pop. Aquel sonido le cautivó y se quedó, como él ha explicado, «flipao». Entonces, mientras estaba ensimismado ante aquella pareja, escuchando su música, tuvo una revelación, y con el impulso, la insolencia y la frescura de la adolescencia, decidió que quería hacer algo así y que lograrlo sería el objetivo de su vida.

Antonio ya sabía que quería dedicarse a la música

A su regreso a Hospitalet, y como un presagio de todo lo que iba a venir, una noche tuvo un sueño: que estaba en un escenario y la gente cantaba con él. El primer paso para cumplirlo fue aprender a tocar la guitarra y componer canciones, algo que no le costó ya que, a pesar de ser más de ciencias que de letras, desde muy pequeño le gustaba escribir historias y también algún poema porque le ayudaba a desahogarse y a comprender mejor el mundo que le rodeaba.

De hecho, a los 13 años, ya había escrito su primer tema, titulado «Necesito libertad», inspirado por su padre. La canción trata de una discusión habitual entre él y su madre. «Mi padre estaba harto de todo y ella se quejaba de sus ausencias», concreta.

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Antonio (a la derecha), con su madre y hermanos en un evento familiar

Aunque su progenitor le inculcó que estudiara y se buscara una profesión de futuro, también fue él quien le animó a seguir el camino que le dictaba su corazón. En primer lugar, le acompañó a comprarse una guitarra, que le costó 93.000 pesetas (559 euros) y que Antonio pagó trabajando tres largos meses con su padre en la obra. Esa guitarra, que Orozco atesora como oro en paño, se llama Rosario, como su abuela, y cuando la tuvo por primera vez entre sus manos sintió que estaba tocando el cielo.

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A los 17 años, Antonio Orozco tocaba la guitarra a todas horas y en cualquier lugar.

En segundo lugar, al padre, que se debatía desesperadamente entre cortarle las alas a su hijo o dejarle desarrollar su vocación de artista, no se le ocurrió otra cosa que llevarle a la peña Antonio Mairena de Hospitalet, en la que estaba su tío, para que aprendiera a tocar. 

Cuando Antonio tenía 21 años, nació su hermano pequeño, Marcos. Poco sospechaba el joven aspirante a artista que, en breve, tendría que empezar a ejercer de padre para él, pues su progenitor fallecería en un fatídico accidente laboral que los dejó desolados... Os lo contamos en el tercer capítulo de la vida de Antonio Orozco. ¡No te lo pierdas!