La vida de Antonio Orozco (capítulo 3): una pérdida familiar puso todo patas arriba

En este tercer capítulo, nos encontramos ante un Antonio Orozco en el principio de su juventud. Él ya tenía clara su vocación como cantante, pero un duro golpe de la vida hizo que sus cimientos se tambaleasen a los 21 años...

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Te contamos el episodio más duro de la vida de Antonio Orozco.

Redacción / M.A.

La adolescencia de Antonio estuvo llena de música, sus estudios de informática y el fútbol, que compaginaba con su primer trabajo en la fábrica de Sal Costa, empleo que le permitió comprarse su primer coche, un Seat Panda que le robaron antes de que acabara de pagarlo. Además, en cuanto supo tocar más o menos la guitarra, utilizó aquel recurso para intentar ligar con las chicas, cantándoles sus primeros versos y convirtiéndose, como él mismo lo ha definido con su sentido del humor, en «el “plasta” del parque y de las excursiones con la guitarra».

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Un joven Antonio Orozco, convertido en un motero de lo más formal.

Y a los ritmos flamencos que aprendió en la peña, le fue sumando otros sonidos que le gustaban, como las baladas y el rock (uno de sus grupos preferidos era The Police). Puede decirse que su vida musical ha sido una mezcla del flamenco, heredado de su familia, y del rock más urbano, que escuchaba con los colegas en los bares que frecuentaba y en la calle, el lugar donde aprendió a agudizar el ingenio, ser valiente y también a apartar lo que no era válido y podía arrastrarlo al lado oscuro, el de las drogas.

«Por suerte, tenía a mis padres muy cerca y se cuidaron muy mucho de mi educación», dice mientras recuerda que su madre solía esconderse en el balcón de su casa para vigilar el bar que tenían abajo, donde Antonio se reunía con sus amigos, y pegarle un grito cuando consideraba que ya era hora de recogerse.

Un "segundo padre" para sus hermanos

Y, de pronto, todo cambió. Cuando tenía 21 años, su padre, de 45, murió en un fatal accidente en la obra. «Fue una de las peores épocas de mi vida – ha explicado–. Mis hermanos tenían 16 años Chechu, y 10 meses Marcos y me tocó ocupar el lugar de “segundo padre”, que no sé si desempeñé bien, y también meterme a trabajar inmediatamente para ayudar a mi madre».

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Antonio sujetando a su hermano Marcos cuando éste era un bebé.

Convertido en cabeza de familia, Antonio sintió que el mundo se le caía encima, y, como hizo en tantas ocasiones cuando se sintió perdido, recurrió a la escritura y a la música en busca de consuelo y de respuestas a las preguntas que la muerte de su padre le había dejado en el alma.

Antonio compuso para él el tema «El cielo estaba dorado», en el que el artista expresa su pesar y su incredulidad ante la ausencia del hombre más importante de su vida. «Cuando me miro en el espejo, me gustaría ser como él. Era perseverante, muy emocional, estricto, pero tenía la manga ancha. Todo lo que soy, sea lo que sea, es una pura creación de mi padre», ha asegurado.

Su gran pasión tuvo que pasar a un segundo plano

Casi sin tiempo para asumir aquella pérdida y recogiendo la herencia emocional que le dejó su padre, Antonio encontró empleo en la empresa danesa Bang & Olufsen, donde trabajaba de 10 de la mañana a 10 de la noche, y sólo se dedicaba a la música cuando abandonaba las oficinas. Entonces, cogía su guitarra y se iba a garitos y bares pequeños, en los que, a veces, tuvo que pagar para poder actuar, o incluso al metro, donde interpretaba sus propios temas. De alguna manera, cada actuación era un homenaje a su padre, a sus raíces andaluzas y a todo lo que aquel hombre le enseñó, a la vez que una escuela que le permitió aprender todo lo necesario para seguir su camino hacia el éxito.

En el próximo capítulo veremos cómo Antonio toma la decisión más importante de su vida: la de abandonar su empleo para perseguir su sueño. ¡Atent@ a nuestra web!