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Lola Flores: la niña que aprendió a bailar antes que a andar

Estrenamos coleccionable sobre la vida de María de los Dolores Flores Ruiz, que acabaría siendo conocida como Lola Flores

Lola Flores siempre fue una mujer que rompió moldes.

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Esta semana en tu Revista Pronto publicamos el primer capítulo del coleccionable sobre la vida de la gran Lola Flores, en el que te lo contamos todo sobre su infancia. ¡Te vas a sorprender mucho!

Aunque sus padres preferían un niño –sobre todo él, que quería un varón para que cumpliese su sueño frustrado de ser torero– el matrimonio formado por Rosario Ruiz y Pedro Flores cayó rendido ante esa muñequita que había venido al mundo mientras sonaba la Marcha Real, despertando ya el arte en ese bebé que lloraba con la garra que iba a caracterizarla toda la vida.

La pequeña Lola vino al mundo en enero de 1923.

La pequeña Lola era una niña que creció siendo poquita cosa, pero con un duende en el alma que enseguida hizo que arrancara a bailar, imitando el arte que emanaba a su alrededor, en las tabernas que, una tras otra, fueron regentando sus padres y a las que acudían artistas de guitarra, cantaores y bailaoras.

“Aprendí a bailar y a caminar al mismo tiempo”, recordaba con frecuencia La Faraona, que aprendió también a cantar antes que a hablar. Y es que apenas levantaba un cuarto del suelo cuando la subían a la barra del bar para que mostrase su arte.

Se mudan a Sevilla y crece su vocación artística

Una imagen de la artista Lola Flores en su adolescencia.

Buscando nuevos horizontes económicos, la familia se mudó a Sevilla, donde se fueron a vivir a un tablao flamenco ubicado en la calle Sierpes. Allí, la pequeña Lola, que no se sentía tan cómoda en la escuela como en los ambientes artísticos, meneaba ya con gracia su vestido imitando a los artistas que veía a diario.

De hecho, con 5 años ya soñaba con ser artista, "porque, cada vez que iba con su madre a ver una zarzuela, sentía en su alma que el duende de la música y el baile se despertaba".

Con el paso de los años, mientras sus padres siguieron cambiando de piso por la capital del Guadalquivir, el arte de Lola empezaba a surgir con tanto poderío que a ella misma se le ocurrió cambiarse el nombre y llamarse Carmela Flores.

Acabada la guerra, comenzó a crecer como leyenda

La Faraona, en una de sus primeras actuaciones en los años 30.

Su destino estaba escrito, y después del nacimiento de su hermana, Carmen, empezó a tomar clases de baile con el que fue su primer maestro real: Nicolás Sánchez.

Gracias a él, su arte afloró todavía más y, acabada la guerra no había boda, bautizo o comunión a la que no asistiera como niña artista invitada. Se empezaba a crear la leyenda.

Descubre más sobre la infancia de Lola Flores en las páginas de tu Revista Pronto.