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Mario Vargas Llosa: su vida de lujo junto a Isabel Preysler

Mario tenía un mayordomo que le preparaba la ropa y usaba cremas y una fórmula magistral para cuidar su cabello cano

En la biblioteca de la casa de Puerta de Hierro, donde Mario se refugiaba en la escritura y la lectura.

Valeria Polo

Cuando el 28 de diciembre se hizo pública su ruptura tras ocho años de amor, Isabel Preysler la justificó refiriéndose a los celos del escritor, mientras que Mario Vargas Llosa se limitó a decir: "Los motivos de la ruptura no existen".

Claro que, después, en su cuento 'Los vientos', con el ánimo del despechado, escribía que su protagonista había abandonado a su esposa "por una mujer que no valía la pena" (¿se refiere a Isabel?) y dejaba reflexiones que muchos interpretan como críticas a los miembros de la familia Preysler, tachándolos de frívolos y obsesionados con la estética.

Isabel y Mario en la docuserie 'Tamara Falcó: la marquesa' (Netflix), que fue el sorprendente debut del Nobel de Literatura del 2010 en un "reality".

Rutinas de belleza muy agradables

Sin embargo, a lo largo de estos días se han ido conociendo nuevos datos acerca de esta separación, como que hace dos años, cuando la pasión inicial ya se había esfumado, Isabel pensó en dejar al escritor, algo que no hizo porque, como cuenta en el 'ABC' Pilar Vidal, le dio pena abandonarle, "ya que le preocupaba que no estuviese bien cuidado".

Además, la misma periodista revela detalles sobre el día a día de Vargas Llosa en Puerta de Hierro, donde vivió desde el 2015 hasta que cortaron, que ponen de manifiesto que al escritor las rutinas de belleza y cuidados corporales que imperaban en esa casa le resultaban muy agradables.

Mario con Isabel, en un evento en noviembre del 2021.

Tenía un mayordomo que le preparaba la ropa

De hecho, la peluquera de Isabel le preparaba un champú y un fijador para mantener su cabello sano y sus canas perfectas, nunca se perdía las sesiones de manicura y pedicura y, antes de acostarse, se ponía cremas faciales y corporales.

Mario se levantaba entre las 5 y las 7 de la mañana para escribir y después salía a dar un paseo enfundado en su chándal. Para desayunar, tomaba muesli con leche y miel, zumo de naranja, papaya y café con leche, y, luego, se dedicaba a leer los periódicos, recibía visitas, hacía entrevistas y cumplía con su agenda de escritor famoso.

Además, Mario tenía un mayordomo que le preparaba la ropa y le vestía dejándolo hecho un pincel.

Mario, de 86 años, en la presentación de su novela 'Cinco esquinas', en el 2016.

Los dos deseos de Mario al acostarse

Por la tarde, él e Isabel veían sus series favoritas en la sala de estar para, luego, cenar y acostarse (él, nunca más tarde de las 22.45 h.), un ritual, éste último, en el que la ex de Julio Iglesias tenía que satisfacer dos deseos del literato: arroparle y darle un beso de buenas noches a oscuras.

Y así fue durante ocho años, hasta que el 30 de noviembre, cuando Isabel y su hija Ana Boyer regresaron de una cena pasadas las 00.30 h., todo explotó. Según explicó la periodista Paloma García Pelayo, "Mario dijo: 'Cómo llegan tan tarde, qué horas son éstas'. Ana Boyer fue testigo y, a partir de ahí, todo se sucedió".

La ruptura se produjo tras un acto al que Isabel fue con su hija Ana, testigo del enfado de Mario al verlas llegar, según él, tarde a casa.

Mario dejó la casa –no era la primera vez que lo hacía– sin mediar palabra, poniendo con su silencio el punto final a esa historia.