Los secretos mejor guardados de los Windsor
Un nuevo libro desvela los secretos mejor guardados de los Windsor, con testimonios inéditos sobre tensiones, disputas y decisiones que marcaron a la monarquía británica
Hay pocas monarquías que generen tantas noticias como los Windsor. Y es que más de 12 siglos de historia dan para mucho. Ahora, el biógrafo real Robert Jobson acaba de publicar "The Windsor Legacy" (El legado de los Windsor), en cuyas páginas recorre la historia de los últimos 100 años de esta ilustre familia y destapa, según dice la propia editorial, "secretos explosivos que el palacio esperaba que nunca salieran a la luz".
Andrés con la joven Virginia Giuffre, cuyas memorias póstumas acaban de publicarse.
Por ejemplo, la fiesta con drogas y sexo que Andrés celebró en 2006 en su residencia de Windsor, a la que asistieron el pedófilo Jeffrey Epstein y el productor de Hollywood condenado por delitos sexuales Harvey Weinstein.
La mala relación de Harry y su abuela
No es lo único de lo que habla Jobson en las más de 300 páginas del libro. También revela los problemas de Isabel II con su nieto Harry y con Meghan Markle. Al principio, la reina vio con buenos ojos la llegada de la actriz a la familia. Sin embargo, su carácter y sus problemas para seguir las normas generaron malestar en palacio e hicieron que se cansara de sus quejas y sus exigencias.
Y todo se complicó en 2019, cuando, en un viaje oficial a Marruecos, para asistir a la recepción del embajador, Meghan optó por un vestido exclusivo de Dior de 68.000 euros, que a la reina inglesa le pareció excesivamente caro.
"Cuando Isabel lo leyó en la prensa, se enfureció y, luego, le hizo saber a la esposa de su nieto que aquella había sido una elección inapropiada", relata Jobson, que recuerda que poco después llegaría el Megxit.
Los duques de Sussex volvieron a despertar la cólera de la soberana cuando decidieron que su hija se llamara Lilibet, el apodo infantil de Isabel II, sin habérselo consultado. "La reina se enteró mientras leía el diario y se enfureció tanto por haber sido ninguneada por los duques, que, en un arrebato, lanzó con furia el periódico al suelo", dice el libro.
Moviendo hilos a la sombra. El heredero, de 41 años, provocó la caída de su tío Andrés tras una charla con su abuela.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de esta lectura es la revelación de que Isabel no veía claro que Guillermo se convirtiera en rey. "La reina adoraba a su nieto mayor, pero le inquietaba que tratara sus deberes reales como un trabajo con horario fijo y no como una vocación. Murió preocupada porque temía que Guillermo, simplemente, quisiera ser un rey famoso sin sentido del deber y que fuera perezoso", aclara Robert.
Padre e hijo: falta de autocontrol
En cuanto a la relación del heredero con su padre, nos enteramos de que ésta también atraviesa, de vez en cuando, períodos tormentosos. Todo, porque los dos tienen un temperamento bastante explosivo (en el caso de Carlos, muchos recordarán el momento de la coronación en el que se desató su ira por culpa de una pluma estilográfica que le manchó los dedos de tinta).
"Hoy, Guillermo y su padre suelen trabajar bien juntos. El rey le consulta y confía en que hará lo correcto. Sin embargo, a menudo se detecta una tensión subyacente entre ellos, ya que no siempre logran controlar sus temperamentos", escribe Robert.
Y es que trabajar, tanto para el monarca como para el heredero, es difícil. Si del primero, los empleados de palacio dicen que "puede ser como caminar sobre cáscaras de huevo", hacerlo con el príncipe de Gales supone tener que estar pendientes de "sus cambios de humor. Guillermo puede parecer muy sereno en público, pero quienes lo conocen bien lo describen como una persona “difícil de tratar”".
Carlos III y el príncipe Harry.
Otro episodio que llama la atención es el que tuvo lugar cuando Carlos llamó por teléfono a Harry para decirle que tenía cáncer. En esos momentos, el rey necesitaba "tranquilidad porque estaba recibiendo quimioterapia" y tenía planeado pasar unos días en Sandringham, su refugio. Pero el inesperado y repentino viaje de su hijo desde Los Ángeles a Londres para verle le obligó a retrasar su partida. Por eso, molesto, ordenó que, mientras estuvieran reunidos interrumpieran el encuentro con el pretexto de que tenía una cita médica. "A los 20 minutos, un criado llamó y entró diciendo: “Majestad, es la hora de su tratamiento”. Y Harry tuvo que irse. Lo último que quería hacer Carlos en aquellos momentos era hablar de los problemas de la familia", relata Jobson.
Kate Middleton en el vídeo donde anunciaba el fin de su quimioterapia.
Las anécdotas más íntimas de una familia como la de los Windsor nos demuestran que, por muy "royals" que sean, cometen los mismos pecados que cualquier mortal. Ahí tenemos a Camilla, que se ha ganado un lugar en este libro por su ácido, irreverente y, a veces cruel, sentido del humor. Cuenta el periodista que, tras ver el emotivo vídeo que hizo Kate en septiembre de 2024 para anunciar el fin de su tratamiento contra el cáncer, la esposa de Carlos dijo: "Parece un anuncio de champú".
El príncipe quiso dejar sus deberes reales
Y respecto al doble diagnóstico de esta enfermedad que golpeó a los Windsor el año pasado, Jobson ha conseguido testimonios que revelan que para Guillermo fue tan devastador emocionalmente hablando, que pidió alejarse temporalmente de sus deberes reales. Sin embargo, su padre no se lo permitió y rechazó su petición. El periodista añade que desde que, en marzo de 2024, supieron que Kate tenía cáncer, tanto ella como su marido "se han vuelto más religiosos". En Carlos, los efectos de este pronóstico se notaron en su carácter. "Su personal más antiguo dice que el rey se ha vuelto más emotivo y que parece menos frío".