Antonio Orozco, una vida de música, tragedias y alegrías

Estrenamos coleccionable sobre la vida del cantante, marcada por la música, las tragedias y las alegrías

Antonio Orozco

El artista tiene millones de fans en España y Latinoamérica.

Redacción

A partir de esta semana, tu Revista Pronto te va a contar la vida de Antonio Orozco por capítulos, un artista impulsivo, de alma sensible y valores inquebrantables, que vive por y para su hijo, Jan, su familia y su música. En el primer capítulo desgranamos su infancia y adolescencia y el duro trance que supuso para él la muerte de su padre.

Antonio Orozco nació en el seno de una familia humilde procedente de Osuna (Sevilla), que había emigrado a Hospitalet de Llobregat (Barcelona) en busca de un futuro mejor. Su padre, un hombre estricto y gran aficionado al flamenco, era albañil, y su madre, limpiadora, criaron a sus tres hijos: Antonio, Chechu y Marcos.

Supo que quería dedicarse a la música a los 14 años

De pequeño, su madre -que se ha convertido en una auténtica instagramer-, le llamaba Manuela y le ponía coletitas, porque siempre había deseado tener una niña. Su primera pasión fue el fútbol y llegó a jugar en el Barça de fútbol sala, pero lo dejó porque la vida de un futbolista estaba reñida con la música, que descubrió con 14 años, después de un viaje a Sevilla y una visita al barrio de Triana, donde el flamenco se le metió en el alma.

Antonio junto a su madre, a la que está muy unido:

Tras aquella experiencia reveladora se compró su primera guitarra, que le costó 93.000 pesetas y tres meses de trabajo en la obra, con su padre, y compuso, a los 16, su primera canción: “Necesito libertad”.

A pesar de aquella incipiente pasión por la música y de que a su progenitor le hacía gracia, éste le recomendó que estudiara informática, que compaginó con su primer trabajo, en 1988, en Sal Costa, que le permitió comprarse su primer coche, un Seat Panda.

Antonio Orozco infancia

Antonio Orozco con su primera "moto".

La muerte de su padre, un durísimo golpe

Y, de pronto, todo cambió. Cuando tenía 21 años, su padre, de 45, murió en un fatal accidente en la obra. “Fue una de las peores épocas de mi vida – ha explicado–. Mis hermanos tenían 16 años Chechu y 10 meses Marcos, y me tocó ocupar el lugar de ‘segundo padre’, que no sé si desempeñé bien, y también meterme a trabajar inmediatamente para ayudar a mi madre”.

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