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Cayetana de Alba: la interesante vida de Luis Martínez de Irujo, su primer marido

En el 50º aniversario de su muerte, su biografía intenta rescatar del olvido la figura de este aristócrata cuya vida discurrió entre el legado de su suegro y la personalidad de su mujer

Cayetana y Luis el día en que anunciaron su compromiso nupcial.

Anna Lasheras

Luis Martínez de Irujo y Artázcoz nació el 17 de noviembre de 1919 en Madrid. Fue el sexto hijo de Pedro Martínez de Irujo y Caro, duque de Sotomayor y marqués de Casa Irujo, y de su esposa, Ana María de Artázcoz y Labayen, dama de la reina Victoria Eugenia de España.

Luis estudió en los jesuitas Areneros y en el Real Colegio de Estudios Superiores de María Cristina. Durante la Guerra Civil se alistó voluntario como marinero y, en cuanto pudo, se pasó al bando franquista. Acabado el conflicto armado, estudió Ingeniería agrónoma y Derecho.

Eugenia Martínez de Irujo en la presentación del libro sobre su padre.

Luis y Cayetana de Alba se conocieron en 1946, en un baile de la alta sociedad a través de un amigo en común, Rafael Solís.

Luis Martínez de Irujo

Un joven con "la planta de un actor"

En aquel primer encuentro ya hubo flechazo y, tras coincidir ambos veraneando en el País Vasco, él empezó a cortejarla entre la multitud de hombres que se acercaban a la rica heredera.

Poco después, aquel noble sin título le propuso matrimonio y ella aceptó. Tras aquel corto noviazgo, el 1 de septiembre de 1947 la pareja anunció su compromiso en los jardines del sevillano Palacio de las Dueñas, la propiedad de la familia que más amaba Cayetana.

Aunque algunas fuentes aseguran que Martínez de Irujo fue el pretendiente elegido por Jacobo Fitz-James Stuart para que su hija olvidara a su primer amor, Pepe Luiz Vázquez, otros afirman que la entonces duquesa de Montoro nunca habría aceptado un matrimonio impuesto y estaba realmente enamorada de aquel joven alto, discreto y culto, del que ella decía que tenía "la planta de un actor de la época".

El enlace se celebró el 12 de octubre de 1947 en Sevilla, que se vistió de gala para asistir a uno de los acontecimientos sociales más relevantes de la época.

Jacobo Fitz-James, duque de Alba, el día de la boda de su hija.

Un banquete para 3.000 invitados

La novia vistió un traje confeccionado por la diseñadora Flora Villarreal y lució la tiara de perlas y brillantes de Eugenia de Montijo. Salió del Palacio de las Dueñas en un coche tirado por mulas adornadas con arreos blancos, que recibió el aplauso y los vítores de las miles de personas que se dieron cita en las calles para verlo pasar en dirección a la catedral, adornada para la ocasión con crisantemos y lirios del valle.

Cayetana entró en el templo, en cuyo altar mayor la esperaba el novio, del brazo de su padre que para tan señalada ocasión vistió un uniforme de la Real Maestranza de Sevilla.

Tras la ceremonia religiosa, tuvo lugar un banquete al que asistieron 3.000 invitados. La realeza estuvo representada por el infante Alfonso de Orleans, la infanta Mercedes de Baviera y la infanta Isabel de Borbón, y el general Franco no envió ningún representante por las tendencias monárquicas del Duque de Alba.

Tras la ceremonia, los invitados disfrutaron de un menú con exquisiteces de pollo, pavo, jamón y pescado, numerosos pasteles y miles de botellas de vino, licores y champán.

Siempre dejó en primer plano a su mujer

Con un coste de más de un millón de pesetas (una verdadera fortuna para la época) se la consideró "la boda más cara del mundo". Acabada la fiesta, los novios pasaron su noche de bodas en la finca La Eminencia y, al día siguiente, partieron hacia Londres para iniciar una ruta por Europa y América que duraría seis meses.

De aquella larga luna de miel, Cayetana volvió embarazada y, en 1948, nació su primer hijo, Carlos, al que siguieron cinco más: Alfonso (1950), Jacobo (1954), Fernando (1959), Cayetano (1963) y Eugenia (1968).

En 1953, convertido en duque consorte de Alba tras la muerte de su suegro, empezó a gestionar el patrimonio de la familia, modernizando la Casa de Alba.

Siempre tuvo claro que la titular era su esposa, a la que cedió totalmente el protagonismo, colocándose en un discretísimo segundo plano. Tímido él y explosiva ella, formaron una de las parejas más famosas de la época y la visita que Jackie Kennedy hizo al palacio de las Dueñas, en Sevilla, en 1966, fue todo un acontecimiento en la España franquista.

Con Jackie Kennedy, que fue invitada del matrimonio en 1966.

Político, mecenas, empresario...

Además de poner orden en el ingente archivo de la Casa de Alba, se hizo cargo de las explotaciones agrícolas de las numerosas fincas de su esposa en Andalucía. Paralelamente, tuvo actividad política como consejero del Reino, procurador en Cortes y consejero de Educación.

Su afición por el arte y su labor como mecenas, le llevó a ser director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1967, cinco años después de haber ingresado en la institución, y fue vocal del Real Patronato del Museo del Prado.

Con don Juan Carlos, entonces príncipe.

Luis tomando posesión de un cargo.

Tratamiento en una clínica de Houston

Caballero de la Real Maestranza de Zaragoza, consejero de las Órdenes Militares y aficionado a reparar relojes, Martínez de Irujo fue asimismo presidente de la Asociación Española de Amigos de los Castillos y formó parte de la Real Academia Catalana de Bellas Artes de San Jorge.

Desde 1960, ejerció también como tesorero general de Cáritas Española y desempeñó el cargo de jefe de la Casa de la Reina Victoria Eugenia de España hasta la muerte de ésta en su exilio suizo. Según algunos, se esforzó por la restauración de la monarquía en España.

Trabajador incansable y padre chapado a la antigua pero cercano a sus hijos, a principios de los años 70 se le diagnosticó una leucemia.

En 1972, fue nombrado presidente del Instituto de España, pero no llegó a tomar posesión de su cargo porque falleció el 6 de septiembre en la clínica Anderson de Houston, donde recibía tratamiento. Sus restos mortales fueron enterrados en el Monasterio de la Inmaculada Concepción en el panteón familiar de la Casa de Alba.