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Karlos Arguiñano: "El secreto de la fama es estar rodeado de tu gente"

El simpático cocinero desnuda su corazón en esta entrevista, donde nos habla de su personalidad y de su familia

Karlos es tan cercano como se ve en televisión.

Redacción

Nos enseñó a cocinar "rico, rico", nos libró de muchos precocinados mostrándonos recetas sencillas, sabrosas y sanas, y nos demostró que se puede hacer una televisión divertida y educativa, que no pasa de moda.

Más de 32 años de profesión televisiva y 7.000 programas respaldan su trayectoria, donde Karlos Arguiñano no sólo ha brillado ante las cámaras enseñándonos a hacer guisos, croquetas o pescados en salsa. Este dicharachero guipuzcoano también nos ha alegrado la existencia con sus disfraces, chistes –malos pero desternillantes– o sus reflexiones sobre la vida, que suelen ser tan brillantes como espontáneas. "Digo lo que pienso, pero cuando veo que me he metido en un charco del que no sé cómo salir, ¡pues me pongo a cantar!", nos dice divertido.

Con su currículum, a nadie le extrañó que en abril su teléfono sonara para informarle de que había sido galardonado con el Premio Nacional de Televisión 2021, por hacer "gastronomía de cultura". Arguiñano acaba de cumplir 73 años y dos días antes de soplar velas pudimos charlar con él en Vitoria, donde nos dejó claro que todavía le queda mucho perejil que picar en televisión. El cocinero, que nos ganó de nuevo con su sentido del humor y su cercanía, nos habló del estado de su mujer, Luisi, que lo ha pasado muy mal con la pandemia; de su fama, y de los momentos más anecdóticos de su carrera.

"Tengo la misma cuadrilla desde hace 60 años"

PRONTO: A pesar de que te vemos de buen humor, todos hemos pasado por una época dura. ¿Cómo has vivido todo esto en lo profesional?

KARLOS ARGUIÑANO: Los que tenemos la suerte de trabajar cada día somos unos afortunados. Yo ya no estoy en el negocio de la hostelería, pero mis hijos sí. Ahora se empieza a abrir de forma parcial y se está sufriendo mucho. Hay mucha gente que lo está pasando francamente mal y los tengo que animar.

El cocinero, de 73 años, con su madre, Pepi, que murió el año pasado, y su hermana Loinaz.

P.: Siendo un personaje tan querido, seguro que has vivido anécdotas con tus fans.

K.A.: Una vez se me acercó una chica de unos 30 años y me dijo: "¿Me podrías firmar un autógrafo?". Le pregunté su nombre y me dijo que era para su abuela, que había fallecido. "Pero, si está muerta, ¿para qué va a querer un autógrafo?", pregunté intrigado. Me dijo que era para llevarlo a su tumba. La abuela se llamaba Felisa y le puse: "Querida Felisa, te mando un abrazo muy fuerte. Nos vemos pronto".

P.: Cuando uno recibe tanto cariño y tantos premios, ¿cómo se gestiona el ego?

K.A.: El secreto es estar rodeado de tu gente. Yo no voy cambiando de amigos, tengo los de toda la vida. Los viernes como con mi cuadrilla, y es la misma desde hace 60 años. ¿Y el ego? Llega un momento en el que se te tiene que pasar. Si no, es que estás atontado y, a mí, atontado no me ha gustado estar nunca. A mí la fama me pilló con 40 y con los pies en el suelo.

P.: ¿Alguna vez has pensado que la cocina puede quedar obsoleta en el mundo de la televisión?

K.A.: No, porque hay que comer todos los días. Lo que me llama la atención es que no se haga más cocina en las escuelas, los institutos ni las universidades. Podrían habernos ayudado a hacer unas croquetas cojonudas, unos macarrones, una sopa de pescado graciosa... y no tanto número romano ni tanto quebrado. Que no digo yo que no, pero ¿por qué no se habla de alimentación desde el instituto? ¡Si lo que nunca dejamos de hacer es comer y beber, y nadie habla de eso, con lo importante que es!

Karlos en uno de sus primeros programas en TVE, a principios de los años 90.