Pepe Viyuela encarna al mejor payaso del mundo en 'Marcelino'

El conocido actor de 'Aída' se meterá en la piel de un importante cómico del siglo XX

Pepe Viyuela encarna al mejor payaso del mundo en «Marcelino»

Pepe Viyuela se ha entregado al máximo en la interpretación del cómico Marcelino.

Redacción

Pepe Viyuela, el conocido actor de ‘Aida’ y ‘Mortadelo y Filemón’, se pondrá en la piel de Marcelino Orbés, el payaso aragonés que triunfó en Londres y Nueva York.

El actor y también payaso, es el nuevo protagonista de la película-homenaje dirigida por Germán Roda que narra la increíble historia de este cómico ilustre al que ya nadie recordaba, ‘Marcelino, el mejor mago del mundo’. El actor nos cuenta cuánto le ha impactado interpretar este papel.

PRONTO: ¿Qué es lo que más te ha conmovido de su historia?

PEPE VIYUELA: Lo más emotivo es esa curva que tiene su vida, que, empezando muy abajo, llegó hasta lo más alto, pero luego volvió a caer. Hay muchas sombras en torno a la figura de Marcelino. Seguramente la familia no tendría muchos posibles y no debió de tener una infancia feliz. Estaba muy desarraigado y quizás el hecho de que haya sido olvidado tenga que ver con que él siempre borró su pasado. Nunca debió de contar de dónde venía porque Chaplin pensaba que era francés. Pero tenía que estar dotado de un talento impresionante, debía de ser un auténtico genio.

Pepe también nos habla del extraordinario momento profesional en el que se encuentra y de su familia de “payasos”.

 

La trágica historia de Marcelino

Desde que la trágica muerte de Marcelino Orbés fuera una de las noticias del año 1927 en EEUU, nadie se había vuelto a acordar de él.

El payaso español que tantas risas provocó a principios del siglo XX en Europa y Norteamérica, que conoció el calor del aplauso y el dinero como pocos, que tuvo a Chaplin como discípulo y a Houdini como admirador, acabó perdiendo el favor del público, el amor de sus parejas y la fortuna que había amasado.

Finalmente, la desesperación lo llevó a suicidarse de un disparo en la soledad de un hotel de Nueva York.