Esta noche en “Mi hija”: ¡Demir vuelve a ser detenido por la policía, acusado de ladrón!

Ugur por fin recibe la bendición del comisario Hussein para casarse con Sevgi

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¿Conseguirán por fin ser felices Candan, Öykü y Demir?

A.M

La semana pasada, tras el estreno de “Infiel”, Antena 3 nos ofreció un capítulo de “Mi hija” más corto de lo habitual, que apenas llegaba a una hora de duración, pero que en su recta final atrapó a un 22% del share, es decir, a casi dos millones de espectadores, pues sus tramas no dejan de estar cargadas de emoción. En el capítulo vimos cómo Ugur estaba decidido a pedir la mano de Sevgi, mientras que Öykü sigue guardando un gran secreto: en el parque encontró un sobre lleno de dinero que podría solucionar sus problemas. 

Se descubre de quién es el dinero que encontró Öykü

Este domingo el capítulo arranca con todos ilusionados por la pedida de mano de Ugur. Candan y Öykü se sienten como princesas porque se arreglan con los mejores vestidos que tienen. Ugur y sus amigos tienen listo el ramo de flores y los bombones, pero él está preocupado por la pedida, tanto que empieza a decirles a Demir y Cemal que tiene ansiedad y que no se encuentra nada bien.

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Ugur está muy nervioso ante la pedida de mano a Sevgi.

Deciden ir a tomar un té para que se relaje, y estando en el bar escuchan a un hombre que desde la mesa de al lado se lamenta porque ha perdido el dinero de su pensión en un parque. “Ya no nos queda humanidad, somos muy egoístas”, dice Cemal, sin saber que ese dinero está más cerca de lo que ellos podrían pensar…

De vuelta a casa todos se sorprenden de lo guapa que está Öykü, porque parece una princesa. Mientras Ugur entra a arreglarse, Demir habla con la niña y le dice que ha hablado con su profe. No entiende por qué le ha pedido dinero a Merchan -pues es eso lo que le han hecho creer a Sevgi, que el dinero donado para la comida de gatos lo puso él y no Öykü-,y le pide que no vuelva a hacerlo más, que si necesita algo, se lo pida a él, que para algo es su padre.   

El momento "pedida de mano" de Ugur a Sevgi

Por la tarde, cuando el Comisario Hussein llega a su casa, ve que su hija está muy rara, pues está realmente atacada de los nervios… Ella le dice que está cansada del trabajo. En casa de Ugur, éste está también desesperado. Está tan inseguro que le dice a sus amigos que lo mejor es abortar el plan, pero ellos lo calman y lo ayudan a arreglarse. Al anochecer llega el gran momento: Ugur, acompañado por Demir, Candan, Cemal y Öykü se arreglan para ir a casa de Sevgi, pues ésa es la tradición del país. 

Mientras, el comisario está en casa cansado y se quiere ir a dormir, y Sevgi intentar retenerlo. “¿Por qué te has arreglado tanto?”, pregunta extrañado. “¡Ni que fuera a venir un pretendiente a pedir tu mano!”, bromea. Como ve a su hija rarísima, le dice que si quiere salir, que lo haga, pero que no quiere que vea a Ugur. Entonces suena el timbre de la puerta.

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Dentro de la casa la situación es tensa, y más cuando los invitados se enteran de que el comisario no sabe para qué han ido, pues la profesora no se ha atrevido a decírselo. “¿Qué pasa aquí?” “Sevgi, ¿hay algo que quieras decirme?”, dice ya Hussein escamado. “¡Espero que no sea lo que pienso!”, les dice el comisario a los chicos mientras las chicas están en la cocina preparando una tradición, café, pues la taza del hombre que le pide la mano a una mujer lleva sal en lugar de azúcar. Así, cuando las chicas han servido a todos en el salón, Ugur bebe y tose inevitablemente, lo que provoca que el comisario descubra que sus sospechas son ciertas: él va a pedirle a su hija en matrimonio. Enfadado, le pregunta a Sevgi que si no quiere a su padre. Le deja claro que no aprueba su relación. “¿Por qué debería yo darle la bendición a este idiota?”. Entonces, mientras todos se miran apurados, Öykü toma la palabra: “Señor Hussein, Ugur no es ningún idiota. Es cierto que hizo cosas malas antes, pero ya no las hace. Tiene un gran corazón y siempre alegra a los demás. Y mi profe lo quiere mucho, y Ugur a ella. Estoy segura de que Ugur hará muy feliz a mi profe”, dice la niña. Pero sus palabras no lo convencen y de repente el comisario empieza a sentirse mal. Sufre un ataque de alergia ¡pues las margaritas que Ugur ha llevado a la casa le provocan una reacción y empieza a ahogarse! 

Un rato más tarde, Hussein se despierta en su cama, donde Sevgi lo acompaña y le explica que ha tenido una reacción alérgica. “Ese tipo no va a parar hasta verme muerto”, dice él angustiado. Luego le confiesa que antes de que la madre de Sevgi falleciera él prometió cuidarla. “Y yo no confío en Ugur porque no crea que vaya a hacerte feliz. Si te casas con él, te va a hacer sufrir”. Ella le dice que es cierto que Ugur hizo las cosas mal en el pasado, pero que es buena persona y se merece una segunda oportunidad. Entonces la profesora le recuerda a su padre que cuando ella era niña las cosas en casa tampoco iban bien pero sin embargo su madre le dio una segunda oportunidad. 

En el salón, Ugur se disculpa por haber comprado margaritas y todos deciden irse, pues creen que el plan se ha estropeado. El comisario aparece ante ellos. “Hija, ¿de verdad quieres casarte con este patán?”, pregunta, y ante la afirmación de ella, dice: “Entonces te doy mi bendición”. Sorprendido, Ugur mira a sus amigos con incredulidad, sonriente y feliz. El comisario, eso sí, le pone hace unas advertencias: “Pobre de ti si le haces algo; no vais a vivir a costa de dinero de dudosa procedencia, nunca la dejarás sola y no quiero verte en comisaría ni aunque sea por una multa de aparcamiento o me encargaré de castigarte personalmente”. Además les pide que no tengan prisa por casarse, que se lo tomen con calma. Y sobre todo que no lo llame papá. Por fin, acepta la petición de matrimonio y Ugur besa la mano de su querida profesora Sevgi. 

¡Öykü es descubierta!

Ya de vuelta a casa, Ugur no se cree que el comisario le haya dado la bendición. Öykü le pregunta a Ugur si vivirá con Sevgi en esa casa, y se preocupa porque ellos saben que deberían buscarse un piso de alquiler. Entonces, Demir recibe una llamada: es de la madre de Merchan, que le explica que el billete de 100 liras que Sevgi encontró en la colecta no era de su hijo, sino de Öykü.

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Demir va a buscar una explicación, pero Öykü se ha quedado dormida en el sofá. Ya en la cama, la niña habla dormida y dice que ella no robó el dinero, que se lo encontró en un banco del parque y que está escondido. Candan y Demir lo buscan en la habitación y él acaba encontrándolo. Entonces, se acuerda de Omer, aquel pobre jubilado que le contó en la cafetería que perdió el dinero de la pensión. Demir lo tiene claro: va a devolver el dinero.

A la mañana siguiente, cuando Öykü se despierta, su padre está serio mirándola. Cuando le muestra el dinero, la pequeña le dice a su padre que pensaba contárselo... Demir le dice que está enfadado con ella por no habérselo contado, pero que está contento porque gracias a que fue ella quien cogió el dinero, ahora se lo pueden devolver a su dueño. Öykü le dice que con eso podrían comprar una casa, pero su padre le regaña y le suelta: “Cuando empiezas a mentir corres el peligro de no poder parar”, y le dice que no se pueden quedar con algo que no les pertenece. Demir le recuerda que da igual que no tengan dinero, que da igual si viven en un palacio o en un hostal, que lo único que importa es que estén juntos apoyándose, y que precisamente eso es algo que ha aprendido a su lado, a compartir y apoyar. Demir le explica a la pequeña que él antes también creía que el dinero era importante, pero que ha descubierto que hay cosas que importan mucho más, como tener una familia, vivir tranquilos y ser felices. Los dos se reconcilian con un fuerte abrazo. 

Demir sale de casa en busca de Omer para devolverle el dinero. Pero cuando está en la cafetería esperando al jubilado, dos hombres ven que Demir lleva en su chaqueta un sobre que parece que lleva los billetes perdidos, y sospechan de él. Cuando Demir se va a marchar, Omer llega con la policía, pero antes de que pueda aclarar que él lo que quería era devolver el sobre con el dinero, la policía lo detiene. Öykü, que va con Candan camino del cole, contempla la escena aterrorizada.