Codornices al ajillo

Codornices al ajillo

Ingredientes

  • 8 codornices abiertas por la mitad
  • 4 dientes de ajo
  • 1/2 limón
  • 1 cucharada de vinagre
  • 2 ramitas de perejil
  • 250 g de bimi
  • aceite de oliva
  • sal
  • Tiempo Total

  • 40 minutos

  • Preparación

    15 minutos

  • Cocción

    25 minutos

  • Coste

  • Dificultad

  • Tipo de plato

    Segundo plato

  • Intolerancia

    No apta para veganos

Pasos

  1. Pela 2 dientes de ajo y disponlos en el mortero. Añade una ramita de perejil troceado y una pizca de sal y machácalos hasta reducirlos casi a una pasta. Agrega 2 cucharadas de aceite y 1 de vinagre, y mezcla enérgicamente.

  2. Pincela las codornices con el majado. Calienta una plancha o una sartén antiadherente, vierte un poquito de aceite y añade las codornices. Cuécelas a fuego lento durante 20 minutos, dándoles la vuelta. Cuando estén cocidas, sube el fuego y dóralas un par de minutos.

  3. Mientras, lava el bimi y escáldalo 2 minutos en agua hirviendo. Escúrrelo y resérvalo.

  4. Pela los ajos restantes y machácalos en el mortero junto con una ramita de perejil. Añade un chorrito de zumo de limón, una pizca de sal y 2 cucharadas de aceite, y bate enérgicamente.

  5. Cuando las codornices estén doradas, pincélalas con este majado y dóralas 1 minuto más por cada lado. Retíralas y, en la misma plancha, saltea el bimi un par de minutos. Sirve las codornices calientes, acompañadas con el bimi

El truco de Pronto

Si tienes el colesterol por las nubes y buscas alimentos que mejoren el resultado de las analíticas, confía en la codorniz porque constituye la carne con menor contenido en este tipo de grasas. Aporta, incluso, menos que el avestruz, el potro, el conejo o el pollo. Comer codornices no sólo no tiende a subir el colesterol, sino que ayuda a bajarlo, debido a la presencia de selenio, un excelente preventivo frente a las enfermedades cardiovasculares. Por su equilibrado aporte en sodio-potasio, también debe tenerse en cuenta en pacientes hipertensos que necesiten dar una tregua a su corazón. Poseen, además, un sabor tan sutil y se adaptan tan bien a cualquier ingrediente y preparación que no te cansarás de incluirlas en tus menús.