Almudena Cid visibiliza, doce años después, el dolor de su retirada deportiva

La gimnasta rítmica se ha propuesto ayudar a otros en este proceso vital ahora que ha conseguido recuperar su identidad

Almudena Cid visibiliza el dolor de la retirada deportiva doce años después

Almudena Cid vestida de gimnasta ritmica.

G.G.P.

Doce años se cumplen ya desde que Almudena Cid colgara sus punteras. La gimnasta rítmica cuatro veces olímpica es una de las deportistas más queridas de nuestro país y gracias a ella hemos podido conocer el proceso que debe vivir un profesional del deporte cuando tiene que dejar de competir; ya sea porque ha llegado el momento de retirarse o porque se ve obligado a ello. 

Cid nunca ha ocultado las etapas en las que se sentía más perdida buscando su nueva vocación lejos del tapiz y la verdad es que no se le ha dado nada mal. La hemos podido ver como escritora y también como actriz en El secreto de Puente Viejo, por mencionar uno de sus trabajos más relevantes en este campo.

Así, más de diez años después de su última competición, Almudena compartía una fotografía en su instagram de uno de los momentos más icónicos de su despedida del deporte: el último beso al tapiz. La gimnasta rítmica reconoce empezar a “sentir la distancia aunque el instante lo recuerde perfectamente” y añadía, que esta vez lo hace “con menos nostalgia y apego” que otras veces.

Almudena Cid visibiliza el proceso doloroso de la retirada deportiva

Almudena repasaba todas aquellas rutinas, personas y lugares que echa de menos de cuando se dedicaba al deporte. Como suele ser habitual, cuando uno recuerda con nostalgia una etapa, hasta las cosas más insignificantes cobran un valor especial. Aprovechaba para recordar lo mal que lo pasan muchos deportistas al desprenderse de toda una vida, de parte de su esencia: “Uno deja de tener innumerables momentos y sensaciones que te hacían sentir quien eras, de ahí la gran pérdida de identidad que sentimos”, explicaba intentando que sus followers pudiéramos entender el proceso de duelo que supone para muchos separarse de la actividad deportiva.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Hoy se cumplen 12 años de aquel día donde besé el tapiz y colgué mis punteras. Empiezo a sentir la distancia aunque el instante lo recuerde perfectamente. Como si el recuerdo fuera en blanco y negro. Con menos nostalgia y menos apego. Cuando me desperté sin ser gimnasta profesional, algo de lo que me di cuenta mucho tiempo después de aquel 23 de agosto, recuerdo enumerar todo lo que dejé de tener en aquel instante. - La beca del año siguiente que me correspondía por el resultado de esa competición. - La brújula de mi entrenadora. Tener que levantarte y diseñar tu día sin saber muy bien para qué vales no fue tarea fácil. - El médico de confianza con tu historial que no se sorprendía por tener unos pies de 60 años o protusiones en el cuello. Como si solo con mirarte no tuvieras que explicar 21 años de vida deportiva. - Mi templo, mi sala, mi hogar. Su olor a silencio. - El café antes del segundo entrenamiento en la cafetería del @carsantcugat . Era como si tomarlo me diera una energía extra para aguantar cuatro horas más. - La ducha después de los entrenamientos. De aquellos entrenamientos, que me obligaban a quedarme sentada mientras me imaginaba bajo una tormenta. Esa que siempre cesaba con un simple giro de muñeca, como si fuera algo sencillo. Por todo ello es tan difícil cambiar la gama cromática de un recuerdo, porque hay momentos en los que todo esto pesa, pero un día sientes que empuja. Empuja y te acompaña sin crear resistencia. En este aniversario he tenido muy presente a las gimnastas que, de forma precipitada, tuvieron que abandonar lo que yo en su día pude elegir hacer. No es lo mismo abandonar el deporte a sentir que el deporte te abandona. Por suerte somos muchos los que hablamos de esta transición y quiero pensar que eso os puede ayudar a normalizarlo y daros cuenta que todos hemos estado ahí, besando el tapiz. Uno deja de tener innumerables momentos y sensaciones que te hacían sentir quién eras, de ahí la gran pérdida de identidad que sentimos. Quien no tuvo la oportunidad de ese último beso siempre puede volver para hacerlo aunque vista ya con tacones. Despedirte tú sin que sientas que fuiste despedida. Todo por un beso. Por tu beso.

Una publicación compartida de 𝐀𝐋𝐌𝐔𝐃𝐄𝐍𝐀 𝐂𝐈𝐃 (@almudenacid) el

Sin duda, un ejemplo y espejo en el que mirarse para muchos. Una mujer que se ha reconvertido y que ahora piensa en ayudar a los demás. De hecho, hace un tiempo creó ‘En el último vestuario’, una organización que tiene como objetivo, precisamente, brindar apoyo psicológico y guía a todos aquellos deportistas que tengan que abordar una nueva etapa vital y profesional tras dejar de competir. Ahora que Cid tiene su propia nueva carrera y que atraviesa un momento tan dulce a nivel personal, después de haber cumplido también diez años de matrimonio con el presentador Christian Gálvez, otro de sus grandes apoyos en este proceso, estamos seguros será de ayuda para muchos en la visibilización de este proceso vital que muchos tienen que afrontar en silencio.