La vida de Rocío Carrasco (capítulo 3): su turbulento matrimonio con Antonio David Flores

Aunque varios comportamientos de Antonio David tendrían que haberla alarmado, se casó con él sin saber que se metía en la boca del lobo

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La joven se fue de casa sin escuchar los ruegos de sus padres.

Redacción

Todo fue muy rápido. Era como si en la vida de Rocío Carrasco se hubiera acelerado el tiempo y ella quisiera experimentar lo antes posible lo que a muchas personas puede llevarles toda una vida.

Y el catalizador de todo aquel proceso fue su noviazgo con Antonio David Flores. El joven guardia civil malagueño cautivó a la hija de Rocío Jurado, más por lo que representaba que por lo que era. Porque Rocío veía en él la llave para empezar una nueva vida en lo que ella imaginaba un ambiente más sencillo que Villa Jurado, pero vestido con todo el amor del mundo y en el que ella decidiría. Tal vez, si se hubiera dado un poco más de tiempo, como quería su madre, para conocer a fondo al que se convirtió en su marido, su vida habría tenido más momentos de luz que de oscuridad. Pero el destino no iba a ponérselo fácil.

Rocío y Antonio David se convirtieron en novios a los dos meses de haberse conocido. ¿Por qué no se había enterado antes de aquella relación?, se preguntaba Rocío Jurado, que desde el principio no vio clara aquella historia y tuvo un mal presagio.

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La joven luchó contra viento y marea por su amor.

Pero su hija no escuchó sus consejos y cuanto más le pedía la cantante que fuese prudente, más se rebelaba ella, sintiendo que había llegado el momento de romper el cordón umbilical con su madre. La reina de la copla, la Más Grande, no iba a poder impedir que su hija cometiese el mayor error de su vida, algo que nunca se perdonaría.

El mal presagio de la Jurado acabó convirtiéndose en su mayor pesadilla, ya que, en abril de 1995, cuando su hija cumplió 18 años, le comunicó que se iba de casa. Y con ese gesto y esa actitud, Rociíto se sintió vencedora de una guerra que, en realidad, jamás había existido más que en su imaginación de adolescente, que erróneamente interpretaba la preocupación de su madre como una prohibición y un obstáculo para poder tener su propia vida.

Su madre le pidió que no se precipitara

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Rocío y Antonio David se casaron en marzo de 1996.

De nada sirvieron ni los ruegos de la cantante, que le suplicó que esperara porque era aún muy joven, ni la advertencia de su padre, Pedro Carrasco, que le avanzó premonitoriamente que Antonio David le iba a "arruinar la vida... Vas a volver con una barriga, que es lo que pretende". Nada la detuvo. Rocío Carrasco hizo la maleta y, abandonando el chalé de La Moraleja, donde gozaba de toda clase de comodidades, se embarcó en una aventura que la convertiría no en la reina de la casa al lado de su príncipe azul, como ella soñaba, sino en una triste y castigada Cenicienta.

Por amor, la joven se trasladó a finales del verano de 1995 a la localidad barcelonesa de Argentona, donde habían destinado a su novio durante un año. Es cierto que, al principio, en su pequeño domicilio, fue feliz. Movida por la ilusión y el enamoramiento, un estado maravilloso, sí, pero que, como dice el refrán, a veces es ciego, Rocío aseguraba en una de las primeras entrevistas que concedió tras irse de Madrid, que se veía capaz "de sacar adelante mi casa, si no, no habría dado este paso", puntualizaba. Abandonó los estudios, aunque no descartó retomarlos cuando, en algún momento, se establecieran en Madrid, y se planteó volver a trabajar de modelo, sobre todo después de ver que el sueldo de Antonio David era un poco justo para pagar los gastos.

Y, mientras pensaban en boda, ocurrieron dos hechos que, de alguna manera, anunciaban que la vida de la pareja no iba a ser tan idílica como Rocío pensaba. Primero, Antonio David, junto con otro compañero, cometió una falta al "apropiarse indebidamente" de 50.000 pesetas que le cobraron a un turista francés tras multarle. Hubo un gran revuelo mediático, claro, y el malagueño empezó a meterse con Rociíto, culpándola por ser la hija de Rocío Jurado y hacerle estar en el punto de mira desde que habían empezado a salir. ¿No debería este hecho haber puesto en alerta a la joven? Imposible. El amor viste de príncipe al sapo más pintado y ella tenía a Antonio David en un pedestal. Así que no hizo caso de aquella señal del destino.

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En el hospital donde ingresó tras sufrir un accidente de moto.

Después, en noviembre de 1995, sufrió un accidente de moto que, de nuevo, anunciaba tormenta. Mientras tuvo problemas de movilidad como consecuencia del mismo, Antonio David empezó a llamarla "inútil". "Tras el accidente engordé porque no podía moverme. Y él me decía que estaba gorda y me llamaba tonta. Puede parecer una gilipollez que me llamara tonta, pero no era la palabra, sino las formas", ha explicado Rocío Carrasco en el reciente documental sobre su vida. Pero ni por ésas intuyó lo que le esperaba. Luego, todo se precipitó, porque, cuando se recuperó del accidente, un acontecimiento cambió su futuro: estaba embarazada.

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Rocío Jurado, que se oponía al matrimonio, acabó aceptándolo.

Ante el disgusto de su madre, la boda entre Rocío Carrasco y Antonio David Flores se celebró el 31 de marzo de 1996 en la ermita Las Vírgenes –nombre poco afortunado– de la finca Yerbabuena. La novia estaba de dos meses, tenía 18 años y se estaba metiendo en la boca del lobo. Porque, ahora lo sabemos, su relación fue un infierno.

Una nueva luna de miel que parecía cambiarlo todo

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Abandonando la clínica tras dar a luz a su hija, Rocío, en octubre de 1996.

Es cierto que después del nacimiento de Rocío, el 13 de octubre de 1996, Rocío vio un rayo de luz y probablemente creyó que el comportamiento de su esposo había sido fruto de los nervios y de la tensión ante la presión mediática. Sobre todo después de vivir una segunda luna de miel, en Nueva York, que les regaló su madre meses después de que la pareja se estrenase en la paternidad.

La joven estaba feliz y, repasando su historia de amor con el guardia civil, debió de pensar que, con paciencia, todo acabaría por encajar en el puzle de su vida. Y que ella sería la reina de su destino. Pero en 1997, condenaron a Antonio David a seis meses de cárcel y otros tantos de suspensión de empleo por el delito que cometió en 1995. ¿El resultado? Que dejó el Cuerpo y la pareja, ante la precariedad de su situación, se mudó a Madrid, instalándose en Villa Jurado mientras se acababan las obras de un chalé en San Sebastián de los Reyes que le había regalado su madre el año anterior.

Se cerraba así la etapa de dos años en Argentona, de la que Rociíto decía estar satisfecha y en la que se había casado, había sido madre y había conocido momentos amargos, como el de su accidente y también el del juicio contra su marido.

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Su madre ejerciendo de abuela con la pequeña Ro.

No se daba cuenta de que, en medio de aquella aparente felicidad, iban abriéndose grietas que nunca supo interpretar. Porque, si David la controlaba, ella decía que "le gusta estar pendiente de todo lo mío y supervisar las cosas", y si se ponía a dieta estricta, decía que lo hacía porque era "muy comilona" y no porque su marido se metiera con su peso.

Dramático segundo embarazo

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El embarazo de su hijo, David, fue complicado y lleno de tensiones matrimoniales.

Sea como sea, ella aún creía en su amor por Antonio David y, mientras su matrimonio se iba rompiendo, Rocío debutó en la tele, en el programa "Cita con Apeles", que le valió una nominación a los premios TP como presentadora revelación. Una buena noticia en medio de su catastrófica vida marital.

En junio de 1998, anunció que estaba de nuevo embarazada y lo que tendría que haber sido una época de calma fue una pesadilla. Hasta que nació su hijo, David, en diciembre (con problemas de salud), todos esos meses estuvieron marcados por supuestas infidelidades de su marido, quien llegó a decirle que las hormonas le estaban "afectando" y que los celos la estaban volviendo loca. Aquello fue la gota que colmó el vaso y, un año después, la hija de la Más Grande sumó una experiencia más a su corta y rápida vida, la separación de Antonio David. No te pierdas nuestro próximo capítulo para saber qué pasó después…

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El embarazo de su hijo, David, fue complicado y lleno de tensiones matrimoniales.