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Infanta Cristina: su reacción al descubrir que era “la otra”

Darse cuenta de que no era la única y de que Iñaki ya no iba a luchar por su relación ha llevado a la infanta a "interrumpir", tras 24 años, su matrimonio. Así nos lo cuenta Jaime Peñafiel

Cristina se ha cansado, ha dicho basta y ha decidido romper su matrimonio con Iñaki Urdangarin.

Jaime Peñafiel

Es como un viaje en el tiempo. El anuncio de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, tras la publicación de las fotos del ex-Duque con Ainhoa Armentia, diciendo que han decidido "interrumpir su relación matrimonial" me ha trasladado inevitablemente a otro momento que hizo tambalearse a la institución monárquica.

Al 13 de noviembre del 2007, cuando la hermana de Cristina, doña Elena, y Jaime de Marichalar anunciaron "el cese temporal de la convivencia". Me llama la atención que en ambos casos se ha evitado la palabra "separación".

Urdangarín, en los días posteriores al anuncio de su separación de la infanta Cristina. 

"Ya somos tres las divorciadas"

Quién sabe si la reina Letizia, que estuvo casada antes de conocer a Felipe, pensará que "ya somos tres las divorciadas en la Familia Real". Cierto es que podrían ser cuatro, si doña Sofía no se negara a hacerlo, a pesar de la situación que vive con Juan Carlos. No hay que olvidar que el divorcio es una ley al alcance de todos los españoles, incluida ella y el emérito.

Volviendo a la separación de Cristina e Iñaki y a sus motivos, recuerdo que la menor de las infantas, mujer de carácter y enamoradísima, tuvo muy claro que no se divorciaría, a pesar de que en febrero del 2014, se vio obligada a declarar ante el juez en la Audiencia de Palma de Mallorca para responder a 206 preguntas, por cinco delitos que se le imputaban a su marido.

Entre ellos evasión de impuestos, fraude fiscal y malversación de caudales públicos. Era la primera vez en la historia de la monarquía española que un miembro de la Familia Real se sentaba en el banquillo para responder a tan graves acusaciones.

Durante cinco horas respondió 37 veces "no lo sé"; 50,"no lo recuerdo"; 22, "lo decidía mi marido"... Y todo por amor.

La infanta Cristina no ha podido más

Aparte de las respuestas tan vagas, lo más sorprendente es que ni el juicio ni el castigo que le infligió su hermano, Felipe VI, retirándole el ducado de Palma y apartándola públicamente de la Familia Real, lograron que la pareja se divorciara, como sí va a suceder ahora.

Porque si defender a su marido hasta la extenuación y renunciar a su papel real no han sido causas suficientes para deshacer esa unión, descubrir que ha sido "la otra" (¿durante cuánto tiempo?), como lo fue la exnovia de Iñaki en su momento, ha sido demasiado. Dicen sus allegados que Cristina no ha podido más esta vez y que, aunque está destrozada, ha sido expeditiva al decidir "interrumpir" su historia con Urdangarin.

La reina Sofía estaba encantada con su yerno, Iñaki Urdangarín

Si Cristina seguía al lado de su marido cuando estalló el caso Nóos –una de las causas del hundimiento de su matrimonio–, doña Sofía, su madre, no fue menos y apoyó a la pareja todo lo que pudo, llegando a viajar en diciembre del 2011, justo después de que imputaran a su exyerno, a Washington, donde residían entonces los Duques de Palma.

Nadie entendió aquel gesto. Pero había una causa y es que, como le confesó la Reina emérita a Pilar Urbano en su libro "La reina de cerca", su opinión sobre Urdangarin era entonces ¡excelente!

"Es un hombre bueno, bueno, bueno … ¡buenísimo! Tiene un gran fondo espiritual y moral. ¡De una pieza! Sensible, atento, muy bien educado. Y, al mismo tiempo, espontáneo, alegre, animado. Como marido y como padre, es un puntal: da una gran seguridad en su casa", dijo.

Don Juan Carlos no imaginaba que viviría divorcios en su propia familia. De momento, los yernos de esta foto –Iñaki y Jaime– ya han caído.

Rupturas reales, cada vez más normalizadas

El divorcio en las familias reales ha pasado de ser tema tabú a convertirse en algo habitual, sobre todo en algunas dinastías, como las de los Grimaldi o los Windsor, que baten el récord.

Lo digo porque, de las más de 50 bodas de la realeza que he cubierto como enviado especial, 33 acabaron en separación. Y algunos matrimonios reales no lo han hecho para no dañar a la institución. Tal sería el caso de Juan Carlos y Sofía.

Los matrimonios reales por amor han sido, son y serán tan felices e infelices como el resto de los mortales. Y soy de los que creen que cuando una infanta y un plebeyo o un príncipe y una plebeya deciden unir sus vidas, en lugar de decir "hasta que la muerte nos separe", deberíamos ser más sensatos y señalar: "Hasta que el amor se acabe".

Don Juan Carlos confesó estar a favor el divorcio

Que una muchacha como Cristina se enamore, incluso que sufra, son cosas del amor nuestro de cada día. Pero hay algo triste y casi trágico en las personas que, al casarse, cargan sobre sus hombros y en su nombre con la responsabilidad de una dinastía.

Recuerdo que en 1973, en un viaje oficial, siendo don Juan Carlos Príncipe de España, nos dijo al grupo de periodistas que le acompañábamos que era partidario del divorcio. Porque "el matrimonio sólo tiene razón de ser mientras lo sustenta el amor".

Quién iba a pensar entonces que vería cómo en su propia familia el sustento del amor se iba a diluir por el tiempo y las circunstancias, y que tendría que vivir, primero, el divorcio de su hija mayor; más tarde, la hasta ahora separación de Cristina, y, en medio de estos dos cataclismos matrimoniales, presenciar la boda del heredero con una mujer también divorciada, Letizia.