Isabel Preysler y Tamara Falcó: así se llevan tras las cámaras madre e hija
La "socialité" por excelencia y su heredera en estilo y saber estar han encontrado la fórmula mágica para llevarse a las mil maravillas, quererse y admirarse mutuamente, incluso cuando comparten plató
Cuando Isabel Preysler entra en un plató, todo se ilumina. Y si, además, está su hija Tamara, entonces pasan cosas que nos descubren la cara desconocida de la "socialité", de su día a día como mujer y también como madre.
Pudimos comprobarlo cuando estuvo en "El Hormiguero" para presentar su libro "Mi verdadera historia" en presencia de la marquesa de Griñón, con la que mantuvo una divertida pulla acerca de cómo había comenzado su relación con Mario Vargas Llosa.
Isabel sostiene en brazos a Tamara, que nació en noviembre de 1981.
Viendo el éxito de aquella espontánea intervención, Isabel volvió a "El Hormiguero" con Tamara para llevar a cabo una colaboración puntual que, quién sabe, tal vez podría acabar siendo fija. Tiempo al tiempo. La química que hay entre ellas es una garantía de éxito.
Pero, ¿de dónde viene esa complicidad y esa frescura ante las cámaras? Lógicamente, la buena relación de Isabel y Tamara viene desde que la marquesa vino al mundo en 1981 robándole el corazón a su madre con su alegría, pero se hizo especialmente intensa después de la separación de Preysler y Carlos Falcó.
Se llevaba a Tamara a todas partes
En plan madraza con Tamara, que tenía apenas 5 años cuando sus padres se separaron.
Un arte que, por cierto, su madre domina. En la vida de Tamara siempre está mamá Isabel. No solo es, como ha repetido hasta la saciedad, su "fuente de inspiración continua", también la adora y la admira, aunque, como pasa hasta en las mejores familias, su relación no ha sido siempre una balsa de aceite. De hecho, cuando Tamara regresó a Madrid a los 23 años, tras acabar sus estudios de bachillerato de Comunicación en la Universidad de Chicago, no estaba a gusto con su madre en casa, algo normal para una joven que había gozado de total libertad estudiando lejos del control de sus padres desde los 15 años.
Un arte que, por cierto, su madre domina. En la vida de Tamara siempre está mamá Isabel. No solo es, como ha repetido hasta la saciedad, su "fuente de inspiración continua", también la adora y la admira, aunque, como pasa hasta en las mejores familias, su relación no ha sido siempre una balsa de aceite.
De hecho, cuando Tamara regresó a Madrid a los 23 años, tras acabar sus estudios de bachillerato de Comunicación en la Universidad de Chicago, no estaba a gusto con su madre en casa, algo normal para una joven que había gozado de total libertad estudiando lejos del control de sus padres desde los 15 años.
Las normas en casa de Isabel Preysler
"Mi madre no es de discutir es de implementar lo que ella quiere, a la fuerza. Básicamente es la que manda", dijo en una ocasión entre risas porque nunca pierde el sentido del humor.
También ha explicado lo pesado que es seguir las reglas de su madre y que Íñigo le dijo que iba a necesitar un libro para aprendérselas.
En las comidas, por ejemplo, "está prohibido gritar y llenarte demasiado el plato porque es vulgar y las manos han de estar siempre visibles", ha contado la marquesa que, tras su etapa rebelde, se dio cuenta de que su madre "no era solo que quisiese imponerse sin sentido, sino que se preocupaba por mí y quería lo que consideraba mejor".
Normas al margen, la "influencer" adora a su progenitora. "Ella no necesita “photoshop” y es una mujer con mucha fuerza. Me llevo muy bien con ella, aunque tiene un nivel de perfeccionismo muy alto. Eso sí, con quien es más dura es con ella misma", asegura la aristócrata, que, cuando su madre publicó sus memorias, fue de las primeras en expresar su opinión.
"Estoy muy orgullosa. Ha sido muy valiente al dar su versión y personalmente la he podido conocer de mujer a mujer, porque siendo madre se esconden un montón de cosas. ¡Y ahí está todo! Y aunque no piense igual que ella, el libro me ha ayudado a entenderla mejor", dijo Tamara, que afirma que no le ha molestado que en el libro hable de Miguel Boyer como del hombre de su vida.
La empatía de Tamara Falcó
De hecho ha reconocido que "no habría entendido que abandonase a mi padre si no hubiera sido por el amor de su vida". Y consciente de ese gran amor, en 2014, cuando Boyer murió, Tamara no dudó en dejar el ático en el que vivía para mudarse con su madre y acompañarla en ese tristísimo duelo. Vio claro que lo mejor para Isabel en esos momentos era estar a su lado.
Esa empatía es, precisamente, uno de los rasgos de su hija que más valora Isabel, que está "muy orgullosa de ella". Como declaró a "Harper’s Bazaar": "Tamara es espontánea, natural e inteligente. En las redes sociales se desenvuelve con soltura, divinamente. Desde niña disfrutaba con los fotógrafos y les contaba que era su cumpleaños y todos aparecían con regalos. Esa naturalidad la ha acompañado siempre y le ha hecho conectar con la gente", afirma.
Por eso, Isabel ha compartido con ella algunos trabajos de imagen de las marcas con las que colabora y la ha llevado a eventos sociales, pasándole así el testigo de su reinado isabelino y su fama como icono de estilo.
"Una madre siempre quiere que su hija la supere, que sea mejor que ella. A mí, desde luego, me hace muy feliz que sea así", le confesó a "Vanity Fair" Isabel, demostrando que entre ellas no hay rivalidad, sino amistad.
"A veces, Tamara es demasiado sincera"
Las dos despliegan un estilo lleno de ingenio –Isabel lo demostró en "Mask Singer"–, elegancia y saber estar que las hace compatibles al cien por cien. Por eso pueden ir juntas a cualquier lado: de vacaciones, a una boda, una entrega de premios, un desfile, un plató o adonde sea. Eso sí, como todas las madre e hijas del mundo, a veces discuten. En esos casos, se produce un distanciamiento momentáneo que se acaba resolviendo con gestos de complicidad y mostrándose juntas de nuevo en eventos públicos.
Ocurrió a propósito de la relación de Tamara con Íñigo o cuando la aristócrata, en 2019, en el programa de Bertín Osborne, soltó varios comentarios sobre intimidades familiares que –ella lo sabía– incomodaron a la siempre discreta reina de corazones. Al darse cuenta, Tamara le dijo a Bertín: "Cuando mi madre vea este programa, probablemente me mate".
No lo hizo, obviamente. La reacción de Isabel fue la de una madre que sabe disculpar los errores de sus vástagos con benevolencia. "A veces, Tamara es demasiado sincera y, encima, exagera las cosas y cambia otras. Es así y es inútil frenar su espontaneidad", dijo con su elegancia y mesura habituales, para cerrar ese episodio.